Domingo soleado en el Centro Cultural Los Pinos. Entre los cientos de personas que acuden a ver cómo vivían Peña Nieto, Vicente Fox y otros mandatarios en la ex residencia, hay algunos que, curiosos, también quieren ser testigos de una subasta especial que tiene lugar bajo una gran carpa blanca, frente a la Residencia Venustiano Carranza.

Grandes relojes que se caen de tanto diamante, anillos monumentales ideales para que los luciera “Güicho” Domínguez en sus buenos tiempos “esclavas” con cadenas tan gruesas que molestan la niña del ojo, fantasiosos aderezos de diamantes platino en precios que pueden cotizarse en millones de pesos son parte de los 148 lotes que fueron ofertados a 70 compradores registrados. Todo proviene de decomisos al crimen organizado.

Joyas que, como los diamantes de dudoso origen, también son llamadas “de sangre” por las historias de sus anteriores dueños.

Piezas que son muestra de que comprar en marcas reconocidas no es siempre sinónimo de buen gusto, sobre todo porque algunos de estos modelos fueron hechos a la medida, al gusto exótico de la gente dedicada al crimen.

“No son joyas que se encuentren en Morton, son más elaboradas, más llamativas”, afirmaba el titular del SAE, Ricardo Rodríguez, antes de iniciar la subasta.

Y es que lo insólito, lo extravagante, lo buchón, se ve en esta exposición a plena luz del día, por ejemplo, para los amantes de la mota, un reloj marca deLaCour Genéve, en otro rosa y casi 500 diamantes en forma de hojas de marihuana. Para los patriotas, una pluma fuente en oro blanco de Montblanc adornada con la bandera de México y realizada con 104 esmeraldas. Demasiado brillante para lucirla en cualquier lugar decente. Y para que no se diga que no hay fervor religioso entre los hampones, destaca también una cadena de oro dedicaba a San Juditas, repleta de diamantes y hartas esmeraldas.

Quien espere encontrar gente muy “fifi” o “buchona” entre los compradores se decepciona. Hay personas de todas las edades, vestidas de manera casual y hasta con pants, algunas acompañadas de adolescentes. Todo sí, lucen orgullosos las paletas que les dan derecho a pujar por estas memorables piezas.

Ellos, los elegidos, están sentados cómodamente mientras la gente se arremolina afuera t se protege con sombrillas del calor veraniego.

“¿Esos son los aretes de La Gaviota?” pregunta una señora en silla de ruedas que está muy atenta al espectáculo y a quien le brillan los ojitos cada vez que sale un collar hermoso.

Comienza la puja con el subastador de corbata de pajarita, una mujer de negro y dos animadores con chalecos verde neón. Cómo ráfagas comienzan su trabajo marcan la salida para la danza de las paletas poderosas.

Lotes muy bien vendidos, otro al precio de salida y otros desiertos. Siempre hay una expresión de triunfo en la cara de aquel que logra quedarse con un lote de anillos o con un reloj descomunal. Como de éxtasis, pues.

“Ése, ése es el que quiero”, le dice una señora a su esposo mientras aparece un reloj de Cartier. Él solo alcanza a esbozar una tímida sonrisa y le contesta… “sí, para tu aniversario, seguro, linda”.

¿Quién quiere esas joyas?

“Yo aprovecho para comprar porque los precios están un 20 o 30 por ciento más barato que en el mercado”, responde un señor que se autodenomina coleccionista y a quien no le importa la vibra que puedan tener esas piezas. “Es un negocio”, afirma.

Los lotes integrados por muchas piezas de oro, de los más solicitados, son comprados por casas joyeras para fundirlos y trabajar en otras joyas totalmente distintas.

“Yo creo que algunos de los mafiosos mandan a sus emisarios para que les recuperen sus cositas”, afirma, sospechosa, la señora de la silla de ruedas. No se sabe, pero muchos compradores están muy atentos y esperan instrucciones en sus teléfonos.

Otras se irán con gente de dudoso gusto, que no teme a la ‘vibra’ que puedan tener estas desbordadas piezas.

Las paletas siguen y siguen subiendo.

La experta en moda Ana Fusoni afirma sobre esta subasta que demuestra la descomposición de la sociedad. “Es horrible. Así como queman la marihuana confiscada deberían moler las piezas, porque es seguir nutriendo el morbo de la gente, porque todos babean ante las piezas en Los Pinos… Es como la gente que va a comprar la ropa del Chapo”, advierte.

Lo bueno es que el dinero recabado irá para arreglar los caminos rurales de la sierra ubicada entre Michoacán y Colima.

Pero lo mejor es el dicho de la señora de la silla, que después de estar allí varias horas sentencia… “No, no se me antoja ninguna. No por lo narco, sino por lo naco”.

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