Estamos viviendo tiempos de serias confusiones. Al parecer, los modelos neoliberales, que pugnan por economías abiertas, que dejan el destino del desarrollo a la fuerza de los mercados, no han sido la solución para incrementar el bienestar de la sociedad. Estas críticas a los modelos de economías abiertas, han existido desde siempre. Sin embargo, ante un escenario post crisis, donde las naciones, tanto desarrolladas como en vías de desarrollo, no han encontrado la forma de despegar con fuerza, se ha desatado una ola de movimientos radicales y populistas, prácticamente a lo largo y ancho de todo el planeta. La molestia por la situación actual es entendible pero, hay que recordar, que ningún extremo es sano.
Millones de estadounidenses muestran arrepentimiento por haber votado por un presidente extremista y radical, en noviembre pasado. Millones de británicos se encuentran molestos por no haber podido frenar el Brexit. Venezuela está viviendo jornadas de violencia y desesperación, pugnando por un cambio, frente a un presidente que busca perpetuarse en el poder. Turquía no se queda atrás. Y, aún con todo ello, es factible que Francia sea gobernada por una mujer que amenaza con dejar la Unión Europea. Mientras tanto, en México, el eterno aspirante a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador, tiene posibilidades reales de alcanzar su soñado objetivo, utilizando su ya gastado discurso populista.
Parte del discurso nacionalista, gira en torno a lo dañino que ha sido el libre comercio internacional. Los políticos que han decidido tomar esta bandera, en contra de la apertura de los mercados, insisten en que, millones de trabajos se han perdido, a consecuencia de la migración de empresas a economías menos desarrolladas. Donald Trump ha sido enfático al afirmar que hará todo lo que esté al alcance de sus posibilidades, para que las empresas estadounidenses regresen a su país de origen. Sin embargo, estudios demuestran que, muchos de los empleos que se han perdido en los Estados Unidos, han sido a causa del desarrollo tecnológico, más que como consecuencia del cierre de las plantas productivas.
Por ello, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio, han lanzado un llamado a la cordura. Estos tres organismos internacionales, hacen hincapié en que, la colaboración y el libre comercio, han traído grandes beneficios para la economía mundial. En un documento que presentaron en conjunto, muestran algunos puntos a favor del libre comercio. El texto señala que, el libre comercio, favorece el incremento en la productividad, promueve la innovación y el desarrollo tecnológico, genera una disminución generalizada en el precio de los bienes e incrementa la oferta de bienes y servicios a los que el consumidor tiene acceso; y puede, inclusive, contribuir a una mayor inclusión social.
Hay evidencia, a favor y en contra, de un modelo de economía abierta. Sin embargo, las economías que se han radicalizado, cerrando la puerta a los mercados y al libre comercio, han tenido caídas estrepitosas. Basta ver el caso de China. Este gigante asiático, decidió abrirse al mundo, convirtiéndose en una de las principales potencias económicas, a nivel global. Es importante buscar nuevas alternativas, aunque, seguramente, la mejor alternativa no se encuentra en cerrar las puertas a la colaboración internacional, a los mercados y al libre comercio.
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