
Sobre esta situación, tanto alarmante como compleja, habla en entrevista para EL HERALDO, Juan Velázquez Sandoval, presidente de la “Asociación de Familiares Atropellados”.
La asociación que preside y promueve Velázquez, se enfoca no solo en crear y fomentar la prevención vial, sino orientar a familiares de quienes han muerto en un accidente vial, ya sea por descuido de un conductor o por un acto de alevosía. Velázquez recuerda que su hijo murió en circunstancias muy similares, cuando un vehículo lo atropelló y “regresó” para acabar con su vida. La situación es de clara indignación y enojo.
Hoy en día, la asociación en cuestión ha crecido de forma considerable, obteniendo apoyo de la Organización de Naciones Unidas y otros organismos, logrando tomar e impartir cursos en diferentes países, alcanzando respetabilidad.
Sobre la situación de la falta de cultura vial y los pocos oficiales de tránsito en la zona de Las Joyas (tema que este medio informativo ha documentado ampliamente) destaca que, ante todo, es necesario educar y enseñar desde pequeños a las y los niños.
“Es una situación que no ocurre solamente en Las Joyas, sino en todo el país, y en muchos de Latinoamérica. La gente no tiene respeto por los cánones de la cultura vial”, señala Velázquez. Con respecto a la situación de los agentes, sentencia:
“No hay una cantidad suficiente de agentes u oficiales, que sean suficiente para cubrir las necesidades de las personas que violan los parámetros más básicos sobre la seguridad vial. ¡No lo tendríamos! Debido a la gran cantidad de personas que cometen fallas o infracciones de los reglamentos, incluso los más básicos de la cultura vial”.
Velázquez señala que a diario se cometen mil infracciones en León, cifra que desde hace más de diez años dio la dirección de Tránsito, y ni siquiera se mencionan fallas de ciclistas y peatones, que también existen y deben de estar.
Entonces… ¿Qué hacer? Lo esencial es fomentar la cultura vial desde el seno familiar. Eso es, en esencia, fundamental. Además se debe de implementar en sistemas y programas educativos, (como ocurre en países como Costa Rica) pero que no se queden como meras pláticas ocasionales, sino que sean permanentes desde el kínder hasta la universidad.