El Estadio León se transformó en un mar de luz la noche de este domingo 2 de noviembre, cuando más de veinte mil fieles se reunieron para participar en la edición número 71 del Rosario Viviente, una de las tradiciones religiosas más emblemáticas de la ciudad y de toda la Arquidiócesis de León.
Desde horas antes del inicio, las gradas comenzaron a llenarse con familias, jóvenes, religiosos y comunidades parroquiales procedentes de distintos puntos del Bajío. Las puertas del estadio abrieron a las cinco de la tarde, y los asistentes portaban velas, rosarios y banderas con imágenes marianas.
Poco después de las siete de la noche, las luces se atenuaron y el estadio quedó iluminado únicamente por miles de llamas que titilaban al unísono. En medio del silencio expectante, una voz marcó el inicio del rezo: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…”.
El lema de este año, “María, esperanza nuestra”, resonó en los altavoces y se repitió en los labios de los asistentes como una declaración de fe colectiva. El acto, presidido por autoridades eclesiásticas de la Arquidiócesis, incluyó oraciones por la paz, por las familias y por los fieles difuntos, en consonancia con el significado del 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos.
Previo al evento principal, cientos de personas participaron en la Marcha de la Esperanza y la Fe, que partió desde el Arco de la Calzada hasta el Estadio León, acompañada de cantos, pancartas y oraciones.
Durante la ceremonia, Mons. Jaime Calderón Calderón, Arzobispo de León compartió un mensaje para los fieles de la arquidiócesis:
“Crezcamos en esperanza, unidos en Jesús, que es nuestra única esperanza. Podemos ser signos de luz y aliento para los demás: para la mujer, para el joven, para quienes han sufrido. El Papa Francisco nos recuerda que el mundo atraviesa hoy una crisis de esperanza, donde los horizontes parecen desvanecerse y aparecen sombras de guerras, violencia, injusticia y maltrato. Por eso necesitamos un desborde de esperanza.
Que nuestra vida cotidiana sea ese signo: en la familia, en el trabajo, en la escuela, dondequiera que estemos. Seamos luz, amor, respeto y justicia, fortaleciendo a la humanidad que necesita esperanza para seguir caminando. Les ofrezco mi bendición de todo corazón.”
El resplandor de las velas reflejaba la emoción de los asistentes mientras el coro diocesano interpretaba cantos marianos. Algunas personas se abrazaban, otras sostenían fotos de familiares ausentes, levantando su vela como símbolo de esperanza.
El evento fue transmitido en vivo por medios locales y plataformas digitales, alcanzando a miles de espectadores dentro y fuera del país. La Arquidiócesis de León destacó la importancia de mantener viva esta tradición de fe, que desde hace más de siete décadas une a generaciones en torno a la Virgen María.
Al finalizar el rezo, el estadio estalló en aplausos y cantos. “María, esperanza nuestra”, repitieron las voces al unísono, mientras las velas seguían encendidas, como una promesa de luz que no se apaga.
