Tras un 1 de noviembre en el que se conmemoró a los niños fallecidos, llegó por fin el 2 de noviembre, y la ciudadanía de León, y otras comunidades aledañas, conmemoraron el regreso de sus seres queridos adultos, en un día de muertos que impactó en todos los cementerios de la ciudad.
Tanto la zona urbana de León como las comunidades aldedañas celebraron a lo grande: no solamente con la limpieza de las lápidas, sino también comiendo donde sus seres queridos descansan eternamente. Aunque, según la tradición el 2 de enero está dedicado a los adultos, no faltó quienes se dedicaran también a rendir recuerdo a los niños, tanto el primero como el 2 de noviembre.
Todos los panteones de la ciudad recibieron gente, y también de las comunidades aledañas a la ciudad. Los templos, las criptas, fueron otro de los muchos lugares que se llenaron de papel picado y flores de colores vívidos.
La gente rezaba, lloraba. Pero también reía y cantaba. Cada Día de Muertos es un cúmulo de emociones para la gente, para todas las familias. Quienes tienen poco de haber perdido a un familiar, lloran de forma abierta y honesta. Aquellos que, por el contrario, sus familiares tienen años e incluso décadas de haber fallecido, ven el Día de Muertos como una costumbra, que va desde levantarse temprano y acceder al panteón hasta lavar las tumbas y tomar alguna bebida en honor de su fallecido.
Uno de los muchos testimonios es el de Una de las historias más desgarradoras es la de Angélica N, quien cuenta: “Vengo a ver a mi sobrina, falleció en el vientre de su madre hace cuatro meses. Esta fecha es muy importante, porque nos permite la cercanía, estar al pendiente de las personas que amamos en vida y seguimos amando”.
Por todos los panteones hay variados colores, hay flores, se escuchan cantos de bocinas o de la propia gente, quienes entonan desde algún rap hasta alguna canción de Juan Gabriel… todo sea por recordar la músicas y la comida de los antes vivos, y ahora muertos.
Así fue como se vivió el regreso de los muertos desde el Mictlán. Ahora, no será sino hasta el 2026 que el ciclo se repita: el de la vida y la muerte, el de la línea que separa el mundo de los vivos del plano de las almas.
