Para los mexicanos el tema del narcotráfico no es nuevo. Son varias décadas o más bien sexenios que escuchamos que el Gobierno en turno protege y ayuda a determinado grupo delictivo, dedicado al negocio de la producción, tráfico y venta de droga en nuestro país. Desde los gobiernos del PRI en tiempos de José López Portillo en 1976 y subsecuentes, hasta llegar al gobierno de Ernesto Zedillo en 1994-2000.

Con la llegada de la alternancia política en el año 2000 con el PAN en el poder y posteriormente con el segundo gobierno consecutivo de Acción Nacional, el entonces Presidente Felipe Calderón y su lucha o “guerra” frontal contra el narcotráfico, no paró el rumor ciudadano y mediático nacional, de señalar que estos Gobiernos de oposición al régimen seguían protegiendo a grupos de la delincuencia organizada.

El sexenio pasado, que encabezo Enrique Peña Nieto, no fue la excepción, sino todo lo contario. Gobierno tras gobierno, del color partidista en turno, ha sido señalado una y otra vez, de su colaboración y “asociación delictiva” con diferentes grupos de la mafia del narco. La protección que brinda el Gobierno en el poder a través de sus instituciones es el instrumento y mecanismo para colaborar con el cártel en turno.

Ahora, con la llegada de un nuevo gobierno emanado de un partido diferente y distinto al PRI y al PAN, con un dirigente opositor al régimen que decía que él y su partido MORENA “no eran iguales a los otros”, ha resultado verdaderamente grotesco y vergonzoso el nivel de descaro y desparpajo, cómo el actual mandatario Andrés Manuel López Obrador y su Gobierno protegen al crimen organizado, al grado de quedar en evidencia públicamente las formas y maneras de ayudar a sus aliados del narco.

Durante todos estos años y Gobiernos citados líneas arriba, el aumento de la delincuencia y de la violencia son más que evidente. Al grado de que ahora ya no sólo se habla del Gobierno de la república, sino que, los Gobiernos de los estados y de los municipios participan de manera directa en el gran negocio que es brindar y dar protección a los cárteles de la droga en cada uno de sus territorios, ante la complicidad de las instituciones Federales.

Las Autoridades Federales, Estatales y Municipales en todo el país, son incapaces de combatir la lucha contra el crimen organizado, ya que en ocasiones son hasta complacientes con ellos, como lo viene haciendo López Obrador y su partido MORENA, al protegerlos con “abrazos y no balazos” como es la política pública del actual Gobierno Federal, siendo proclives al surgimiento de una “economía criminal paralela” al estado mexicano, al grado de participar con financiamiento “privado” de parte del cártel en turno en las regiones donde hoy gobierna el narco y MORENA.

México hoy más que nunca, cumple con muchas características de un narco-estado y un narco-gobierno. La vida social ha cambiado radicalmente en todo el país, antes podíamos ser libres de salir a pasear por las calles y ahora no. Todo lo contrario, no sabemos si vamos a regresar vivos a nuestra casa. Hemos pasado de los delitos comunes como el robo, a los homicidios dolosos más arteros e impunes de todos los tiempos.

Ahí está lo sucedido hace una semana en el municipio de Salamanca, gobernado por MORENA actualmente y ratificado por el voto popular otros tres años más, por lo que AMLO califica sólo como un simple homicidio doloso y no un acto terrorista. La delincuencia en todo el país está en aumento y fuera de control, ante la incapacidad y complicidad del Gobierno Federal.

En un narco-estado, los grupos criminales influyen fuertemente en el proceso de toma de decisiones políticas y públicas en un país, así como también, disputan el poder al Estado y a sus instituciones de gobierno. México cumple cabalmente con esta característica, porque así lo ha querido AMLO y su gobierno. En eso nos han convertido.

¿No cree usted?

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