A últimas fechas, me he enterado, ya sea por conocidos o extraños que lo que tienen en común es que son leoneses, de diversos sucesos que han incidido directa o indirectamente en la seguridad personal de los mismos. Entre asaltos a mano armada a plena luz del día, cristalazos, robos a casa habitación o incluso el ser parte aun cuando sea como testigos, de asesinatos, resulta sumamente preocupante. Hace unos días, el mismo alcalde de la ciudad, reconoció el problema de inseguridad en León, y señaló que están trabajando en reforzar y fortalecer la labor de la coordinación. Según López Santillana, León no puede compararse con Celaya e Irapuato, municipios que han mejorado sus índices de inseguridad, puesto que nuestra ciudad es más grande. El alcalde recalcó además, que coincide con lo que afirma el gobernador Miguel Márquez, el problema no es preventivo o se trata de procuración de seguridad, sino en la aplicación del nuevo Sistema Penal Acusatorio. Cualquiera que sea el motivo de fondo, el tema que nos ocupa ahora es, ¿cómo vivir en un ambiente como en el que nos encontramos? Y es que según publicaciones en diarios nacionales, realizadas en marzo de este mismo año, Guanajuato entró en el “top ten” de homicidios en el país, ocupando el noveno lugar en cuanto a homicidios dolosos en todo el país, pasando de ser 229 en 2007, a 961 en 2016, lo que significa que hubo un incremento del ¡320 por ciento! Lamentablemente, reportes de autoridades federales mexicanas mostraron mayor incidencia de la delincuencia organizada, lo cual nos vuelve a los leoneses más vulnerables. ¿Qué decir del reciente homicidio que se suscitó en la entrada de un fraccionamiento residencial en la zona norte de la ciudad? Una bala perdida o los automóviles de los involucrados pudieron haber impactado en terceras personas inocentes y totalmente ajenas a los ajustes de cuentas que tuvieran que hacerse en tales momentos. Todo fuera como lo material, que se recupera tarde o temprano, pero el pensar en que accidentalmente sin deberla ni temerla, ya sea a nosotros mismos o a nuestros familiares o allegados, se nos arrebate la vida o se nos deje con una secuela grave, me eriza la piel. Lo paradójico es que la zona del bajío, tan boyante, con un fuerte y firme crecimiento económico, turístico y empresarial, se vea ahora amenazada por la inseguridad pública. Supongo que es el precio que desafortunadamente se tiene que pagar a cambio. Hace no más de un mes, por ejemplo, me enteré de dos casos que se dieron en la zona norte de la ciudad, en la que dos ladrones montados en motocicleta, usando casco, asaltaron a mujeres que desprevenidas y acompañadas de sus hijos, les arrebataron sus bolsos con violencia y a plena luz del día. Y qué decir de varios comerciantes que se han visto afectados recientemente en la zona del Moral. Sin duda el resto de las zonas de nuestra ciudad se han visto afectadas asimismo por el tema. ¿Qué hacer? Como ciudadanos, tomar precauciones, conducirnos con mayor cautela y hasta tratar de identificar los modus operandi y las zonas en las que “operan” los delincuentes. Las autoridades, implementar políticas públicas en materia de seguridad, que se apliquen de manera efectiva, en la realidad.
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