
La Semana Santa está a unos cuantos días de arrancar de manera formal, con uno de los eventos más representativos, emotivos y nostálgicos de León, Guanajuato y el Bajío: el momento en que llore la Virgen.
Como es habitual, se alza el Altar de Dolores en varios hogares leoneses, sobre todo en los barrios más antiguos y tradicionales de la ciudad, como es el caso del Coecillo, San Miguel, San Juan de Dios o Barrio Arriba. Es costumbre que la gente visite los hogares y pregunte, de manera casual:
“¿Ya lloró la Virgen?” si la respuesta es sí, se ofrecen aguas y nieves. Esta tradición es una de las más arraigadas en Semana Santa. Lo anterior, debido a que se conmemora los siete sufrimientos de la Virgen María durante la pasión y muerte de Jesús
Diversos hogares e instituciones se encargan de rendir homenaje a esta celebración, entre ellas, el Archivo Histórico, quien señala:
Durante el periodo de cuaresma las manifestaciones religiosas y en especial el fervor se incrementan en León. Esto va acompañado con una serie de elementos y tradiciones que dan colorido a la temporada, pero, sobre todo, son manifestación de la devoción de los fieles.
Una de estas tradiciones de mayor arraigo entre los fieles católicos es el Altar de Viernes de Dolores, la cual se lleva a cabo en nuestro país una semana antes del Viernes Santo.
El viernes de Dolores en León siempre ha sido motivo de expresiones respetuosas, pero también pintorescas por las maneras de organizar el acontecimiento. El altar que se levanta para la Virgen, rico en simbolismos religiosos y de creatividad mexicana reveladora e identificadora de nuestra cultura y manera de ser.



