No puede ser una muerte más. Ni mucho menos creer el trillado discurso de las inútiles autoridades de seguridad pública municipal, estatal tanto federal, en el sentido qué, cómo el problema de inseguridad es nacional, por ello, tenemos que conformarnos con la estúpida y simplista explicación de la burocracia incapaz de resolver el más grande como grave problema que aqueja a todos los mexicanos por igual.

El miércoles mataron a un estudiante de la Universidad de Guanajuato. ¿Quién lo mató? La Guardia Nacional. Un homicidio con todas las agravantes por parte de la autoridad federal. Un elemento supuestamente capacitado para brindar protección como seguridad, privó de la vida a un joven estudiante universitario, de la carrera de Agronomía, lesionó gravemente a otra joven universitaria.

¿Se imagina usted si esté suceso hubiese sucedido contra alumnos de la UNAM, IPN, UAM, UAG (Universidad Autónoma de Guerrero) o el TEC de Monterrey? La movilización universitaria sería inmensa, la repercusión mediática nacional. Los rectores de cualquiera de estos campus, estarían en franca lucha pidiendo justicia y orillando a las autoridades de los tres órdenes de gobierno, a dar la cara, obligando a dar una respuesta inmediata.

Pero aquí en Guanajuato, donde nunca pasa nada y la tibieza de las autoridades municipales, estatales y universitarias se pintan siempre del color de la mediocridad como de la inhumana complicidad que acompaña el silencio, con un Rector General que hizo un acompañamiento, más que encabezar una marcha de protesta contra la autoridad federal como municipal, siempre guardando las formas, sin despeinarse para salir guapo en la foto.

Unas declaraciones del máximo responsable de la Casa de estudios que lo dibuja de cuerpo entero: “Frenar el despliegue militar, reorientar la política criminal, que es una revoltura, se debe desmilitarizar al país”. Adelantó, que llevará el caso a la Comisión Nacional de Derechos Humanos. ¡Bueno! Una serie de frases que no sirven de nada, que no significan nada, que la autoridad federal ignora, cómo ha ignorado a millones de mexicanos, desde luego sus familias que han clamado justicia, no hacen nada.

Ni la autoridad municipal de la ciudad de Irapuato, ha hecho caso o un pronunciamiento, mientras su alcaldesa sigue y sigue tirando el dinero del pueblo en turismo político, ahora disfrutando de la bachata como de un buen café colombiano. Nadie respeta a la autoridad universitaria, menos a sus alumnos y mucho menos a los padres del universitario caído por las balas del artero homicida, con permiso para matar estudiantes.

Ha sido una verdadera tragedia para México, para el Estado de Guanajuato, para la ciudad de Irapuato, por supuesto, una afrenta para la Universidad de Guanajuato, asesinar a un estudiante de manos de una autoridad federal cómo es, la Guardia Nacional, no pasa nada, ni nadie hace nada. En verdad, ¿qué tiene que pasar en este Estado nuestro, para que las conciencias ciudadanas se muevan y salgan a la calle miles de mujeres así como hombres a clamar justicia?

¡Que tristeza! ¡Qué pena! ¡Qué impotencia! ¡Qué impunidad! Mi más sentido pésame a los padres de Ángel Yael Ignacio Rangel, q.e.p.d.

¿No cree usted?

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