
Muchos de ellos complementan su afición al motociclismo con labores sociales y ayuda humanitaria. Algunos de ellos, incluso, usan máscara cual superhéroe de cómics, y así realizar una labor totalmente desinteresada.
Uno de ellos es Ricardo Colunga, quien usa una máscara de luchador y adopta la identidad de “El Sadístico”. A bordo de su motocicleta recorre las calles de León, así como los diferentes municipios, ofreciendo apoyo comunitario, haciendo donaciones y concientizando sobre el bullying.
“Mi trabajo tiene un fin filántropo. Las obras que hago como personaje son llegar a zonas vulnerables para dar apoyo a los abuelitos a las mamás solteras y a las personas con habilidades especiales. Llevamos sillas de ruedas, damos apoyo y por supuesto, una sonrisa, pues pocas veces los niños estarán en contacto con un luchador”.
Ricardo explica que, desde niño, vivió en una casa de cartón, con sus abuelos, y enfrentó carencias de diversa índole. Ahora que es adulto ha adquirido más conciencia y entiende la situación y el entorno, por eso ha optado por dedicarse a apoyar a otros.
“Si yo tuviera fama, la dedicaría, de lleno, a ayudar a la gente. Es muy muy importante hacer la cadenita de buenas obras, quitarse el pan de la boca para dárselo al prójimo. El crimen y la delincuencia están a la orden del día, pero si puedes modificar el entorno, puedes cambiar muchas cosas”.
Por otro lado, está el caso de René Figueroa, biker de toda la vida y que viajó de Querétaro a León para la Motofiesta. En sus propias palabras, dice:
“Los bikers estamos en todo el país, donde sea que haya una motocicleta, allí estamos. Somos como hermanos. Además, realizamos varias labores para apoyar a quienes más les falta y menos tienen.
“En León, hacemos una entrega de juguetes el Día de Reyes, también en Querétaro tenemos una campaña para llevar juguetes a niños con cáncer de la fundación Teletón. Tenemos comunidades que hemos adoptado como motoclub”.