Hace un par de semanas escribí sobre la historia que se nos ha querido vender a los mexicanos, de que estamos alcanzando un país de bienestar y desarrollo para todos, una nación donde existe paz y justicia. Esa historia la escribe diariamente el presidente de la República; y la suscriben ciegamente todos los integrantes de su movimiento. En esta entrega quiero enfocarme, precisamente, en ese comportamiento tribal, que divide nuestra sociedad mexicana en nosotros y ellos. Por un lado, tenemos al grupo de seguidores del presidente que defienden sin miramientos las acciones del gobierno. Por el otro, tenemos un número importante de mexicanos, que no alcanzamos a palpar la realidad que se transmite en las conferencias matutinas del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Fue muy revelador ver a los diputados de MORENA coreando al unísono dentro de un autobús, en contra de los diputados del PAN, que ya no habrá más moches. Esto ocurrió cuando se estaban trasladando a la sede alterna para retomar la sesión de aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación, tema que merece análisis aparte. Este comportamiento tribal encuentra una explicación en la teoría evolutiva; y afirma que el tribalismo favorece la solidaridad grupal en tiempos de guerra. Esto ayuda a los grupos que comparten un sentido de pertenencia, basado en un propósito común, a sobrevivir y a desarrollarse. De ahí surgen algunas prácticas de agresión, para poder demostrar el poder del grupo, tal como lo apreciamos en los honorables diputados.

Estas prácticas detonan el conflicto y exacerban la división de los grupos. Es decir, cuando los individuos se separan en grupos distintos, y reconocen las diferencias que los divide, encontramos en ello las condiciones ideales para el conflicto y la competencia. Esto lo podemos apreciar claramente en los encuentros deportivos en los que, no solamente los deportistas visten uniformes que los distinguen los unos de los otros; sino que los fanáticos los usan para apoyar a sus equipos y, en muchos de los casos, para agredir en grupo a los contrincantes. Evidentemente, el grupo más agresivo, más numeroso y poderoso, tenderá a resultar victorioso en la batalla. Pero, al final, esto traerá como consecuencia, un resultado poco satisfactorio para alguno de los dos bandos o, inclusive, una pérdida para todos.

Porque es importante recalcar que con cada desencuentro que se da, no solamente en la arena política, sino en la arena social, crece la sensación de enojo, desconfianza y recriminación. Lo más importante es que este comportamiento tribal puede tener consecuencias nefastas. Hay estudios que demuestran que en un estado de hipnotismo grupal -como el que apreciamos en los diputados de MORENA- el grupo tenderá a denigrar y posteriormente a eliminar a los grupos contrarios. El nivel de castigo y de violencia crecerá en la misma medida en la que se vayan acrecentando las diferencias entre los grupos.

Hoy MORENA está de fiesta. Han demostrado que pueden hacer y deshacer a su antojo. Son un grupo numeroso y tienen poder de sobra. Debe sentirse muy bien pertenecer a la tribu ganadora. Por el contrario, debe no sentirse tan bien pertenecer al grupo perdedor. Pero esta sensación de victoria no la sienten solamente el presidente y los legisladores del partido mayoritario. Esta sensación de victoria la sienten también los seguidores de MORENA. A pesar de que los simpatizantes del presidente solamente son espectadores de aquellos responsables de tomar las decisiones, ellos también se sienten victoriosos. Pero no todos nos sentimos así. Es importante dejar de polarizar y comenzar a trabajar en la cohesión y el bienestar de todos los mexicanos.

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