Hoy en día, la década de los ochenta está más presente que nunca, debido a la nostalgia y a la gran cantidad de productos que se pueden ver desde el cine hasta las plataformas de streaming.
En León aún quedan vestigios, como lo que fue el centro comercial Plaza San Miguel. Estos estrafalarios años siempre serán un tema de conversación constante. Sobre ellos habla a detalle el cronista de la ciudad, Luis Alegre.
“En los ochenta, en León estaba la disyuntiva de si ser internacionales o locales. Esto no es un asunto menor, pues no había democracia en México, y había muy pocos lugares donde la gente elegía y decidía. En León hacía falta muchos cambios, y fue como el adolescente que se dio cuenta que la ropa ya no le queda, y eso le pasó a León en los ochenta: aún faltaban avenidas, faltaban escuelas, por lo que fue necesaria una visión del futuro.
Surgió el choque de una ciudad con límites a una ciudad que se desbordó. La ciudad tuvo que soportar a muchos nuevos leoneses: los que radicaban aquí y también los que llegaban de otras ciudades”, recuerda Alegre.
Hay que recordar que en aquellos años la ciudad comenzó a crecer tras el terrible terremoto de 1985, cuando muchas personas de la Ciudad de México, en ese entonces Distrito Federal, optaron por convertir a la Capital del Calzado en su lugar de residencia.
Para Alegre, es muy interesante observar también la cuestión comercial, pues también es crucial recordar que, hasta 1984 México fue una nación de fronteras cerradas, con altísimos aranceles. La fayuca era un aspecto fundamental, donde se compraban desde chocolates hasta jeans. Con la entrada de México al GATT, esto da como resultado una apertura y un cambio enorme, que se traduce a nuevos estilos de vida y tecnologías. Fue la época de los walkman, los videoclubes y las videocaseteras. “Hoy en día es difícil de explicar, pero esperar una canción en la radio y grabarla en el momento era una emoción incomparable”.
“Esa sensación de ver la tecnología de otra manera”, dice el cronista. “Fue el encanto de que se abrieran las fronteras”.
Los centros comerciales, como lo fue Plaza San Miguel u otras, fueron un hito y un estilo de vida: “representó otra dinámica, otra manera de relacionarse porque allí converge la tecnología, la moda y lo más importante: los jóvenes”.
