miércoles, agosto 26, 2026
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Los niños jornaleros de Guerrero

La miseria los hace salir de sus hogares en Guerrero, uno de los Estados más azotados por el crimen organizado y la violencia.  Son los jornaleros, los que han crecido en los campos de cultivos.

Niños de meses, y escasos dos años, llegan con sus padres a los campos de Guanajuato, donde corren por los surcos descalzos, con biberón, en el intenso calor que rebasa los 35 grados centígrados.

Manuelito se quedó dormido en los surcos, tiene dos añitos, los mosquitos rondan en su pequeño rostro lleno de tierra, sus pies llenos de lodo, por haber corrido sin zapatos por el campo húmedo.

Su padre le acondiciona un espacio como puede, se quita un suéter y lo pone sobre el surco, y le cubre con unas ramas secas donde apenas le protege el rostro del intenso rallo del sol al medio día.

Al igual que Manuelito, otros niños se esconden cuando ven la cámara entre las arpillas de chiles, unos llevan solo una camiseta y pañal, ninguno calzado.

 

SIN FUTURO DIFERENTE

 

Arturo lleva toda su niñez y ahora su juventud en los campos de cultivo, ahora tiene 23 años, y sigue llenando costales de chiles en Guanajuato, donde dice los tratan bien.

“Desde niño acompañaba a mis papás (campos) y sigo trabajando de esto, no hay más, en nuestro pueblo no hay como ganarse la vida”, refirió el joven jornalero.

Los jornaleros estarán en Guanajuato en la pisca de chile serrano durante un mes, luego regresaran a sus pueblos en Guerrero, donde subsistirán con los 1 pesos a la semana que ganaron en este Estado.

Las mujeres siguen a sus esposos para trabajar y ambos, llevan a sus pequeños hijos.

Aunque algunos niños quieren ayudar a sus padres en los campos, los encargados no dejan que lo hagan debido a que pueden ser señalados por trabajo infantil, algo que no es permitido.

Margarito comentó que llegaron hace una semana a León.  Son unos 40 los habitantes de la comunidad de Tlapa, poblados que tienen una pobreza tan extrema como en África.

Los niños son delgados, sin embargo su nariz asoma mucosa en color amarillento, lo que deja ver que están enfermos. Eso no parece ser relevante para los padres que están acostumbrados a una vida dura, con episodios tristes y complicados.

Los niños que crecen en zonas marginadas presentan desnutrición, bajo peso, por lo que están en riesgo de padecer una infinidad de padecimientos.

 

En Guanajuato se contempla como programa de salud en esta temporada, donde se incluyen campañas de vacunación, sin embargo los indígenas son desconfiados.

Ellos hablan mixteco, y el ver a alguien desconocido comienzan ha hablar entre ellos en su lengua, saben que pueden hacerlo abiertamente sin que los extraños puedan saber que dicen.

Martina “N”, corta rápidamente los chiles, ya que por arpilla ganan 15 pesos, muestra apertura por platicar, pero sabe poco español, y pregunta sus hijos lo que preguntamos.

 

Piden ayuda

 

El pequeño sirve como traductor, dice que tiene 5 hijos, todos son pequeños, y desde que se acuerda ha trabajado en el campo, aunque le gustaría que sus hijos no siguieran esta tradición.

“Es un trabajo pesado, no se saca más que para comer, quiero que ellos tengan otro trabajo, no este”, expreso la mujer.

Los indígenas jornaleros solicitaron a las personas de buena voluntad despensa, y ropa para los niños, principalmente de 5 a 8 años, aunque también hay niños más pequeños, incluso bebés.

Además cobijas ya que en tiempo de frío los indígenas no cuentan con algún abrigo para cubrirse del mal tiempo. La mayoría duermen en el piso, por lo que las cobijas también les sirven para esta necesidad.

 

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