
El descanso laboral es uno de los pocos privilegios que goza el asalariado común, una ‘recompensa’ a su ardua labor ejercida durante todo un año con una empresa o ‘patrón’.
Un tiempo para relajarse y recuperarse del estrés que genera ser un ‘ciudadano productivo’; sin embargo, la realidad es que solo unos cuantos pueden ‘descansar’ de sus actividades, pues resulta que en la actualidad un solo trabajo no da para vivir, apenas se puede sobrevivir con dos trabajos, el aumento de los precios, la inflación, entre otros factores, complican la estabilidad económica de las familias mexicanas.
Antes, el ‘común’ resultaba ser que el hombre salía a trabajar para ser el proveedor de la familia mientras la mujer se dedicaba a administrar el hogar, con todo y el machismo que implicaba ello, podría hacerse ya que no se presentaban problemas tan apremiantes en la economía del país, con todo y las dificultades de esos tiempos, las familias eran grandes y aun así salían adelante. Mas hoy en día, donde se presupone un avance ‘progresista’, las familias mexicanas se han reducido, donde antes convivían 10 o 15 personas, hoy son 5, 4, 3 o incluso 2; la economía ya no permite que solo exista un proveedor, ahora, ambos padres deben salir a trabajar para poder sobrevivir la semana.
Se ha recurrido a necesitar de varios proveedores y de varias fuentes de trabajo, las cuales resultan ser jornadas extenuantes; los mexicanos recurren a tener o un trabajo de ‘sol a sol’ o de varios trabajos, pues las necesidades del día a día no dejan a nadie escapar.
México tiene la característica de ser uno de los países en donde sus ciudadanos tienen una de las mayores cargas laborales de América Latina, además, también poseemos más horas de trabajo por día y menos días de descanso (vacaciones) de toda América Latina.
Por estas razones, los temas de reformas laborales retumban en todo el país, la economía mexicana está basada en la explotación laboral y la necesidad de trabajo del asalariado; puedes preguntarle a cualquier mexicano trabajador y este siempre habrá de aceptar un sueldo miserable porque ‘si no lo acepta, hay miles de personas que quieren el trabajo’. Esta amenaza resulta efectiva porque el empleador sabe que candidatos tiene hasta para escoger, que todos tienen la necesidad de generar ingresos, por lo cual no le preocupa si uno no acepta estas condiciones.
Cuando se dice que el peor enemigo de un mexicano es otro mexicano, aparte de evidenciar o nacer del clasismo, racismo y el malinchismo, resulta ser la muestra de la lucha por la supervivencia en este desastre de país; la crisis de lucha para vivir ‘dignamente’ provoca ente individualismo, la polarización y la falta de un propósito social para llegar a un bien común.
El mexicano no trabaja para vivir, vive para trabajar.
Reformas como la ‘ley silla’, la reforma a las vacaciones, y la ‘ley de las 40 horas’ son necesidades apremiantes en la vida laboral de cada ciudadano, un trozo de pan para un hambriento; por ello, cuando los políticos juegan con estos recursos para buscar votos, resulta una humillación para los mexicanos, sin embargo, como aquel hambriento que quiere su pan, haremos cualquier cosa con tal que nos den nuestro ‘premio’.
Apenas hace unos años aprobaron el aumento de días de vacaciones, beneficiando a millones de mexicanos, ahora, seguimos esperando la promesa de la reforma que reduzca la jornada laboral semanal de 48 horas a 40, una promesa con la que les gusta jugar, van dos sexenios en los que nos prometen esta reforma y ahora resulta que dictaminaron que podría aprobarse hasta 2030, que justo coincide con las próximas elecciones federales; tal vez usted piense que estoy loco, que soy parte de la oposición calumniadora o cualquier mafufada de esas, el problema es que son tan descarados que ya lo dijeron una vez, ‘no se les olvide quien les ayudo’, una frase tan horrible, como poderosa.
Una persona común difícilmente trabaja solo 48 horas a la semana, trabaja hasta más y en varias partes, lo que hace que, aunque salgas de ‘vacaciones’, absurdamente no puedas descansar, ya que puedes estar de vacaciones en un trabajo, pero en el otro sigues laborando hasta que te autoricen o cumplas el año para poder solicitarlas.
En este país hay gente que difícilmente ve a sus familias entre semana, que cuando llegan a sus casas lo hacen solo para dormir, comer o bañarse, que muy pocas veces ven salir u ocultarse el sol desde sus hogares; sin embargo, generan aduras penas para sobrevivir su semana.
Como siempre, insisto, resulta ridículo y burlesco que los políticos presuman de sus vacaciones por sus ‘extenuantes jornadas laborales’; creo que la historia recordará a estos políticos como los olvidadizos, porque se olvidan de sus ‘santos principios’, nos obligaron a entrar en una austeridad republicana que ellos no siguen, sin importar que sea o no con sus propios recursos, ellos violan de formar despreocupada esta imposición. Dónde quedó aquella frase de ‘No debe haber gobierno rico con pueblo pobre’.
Mientras ellos viajan, se hospedan en hoteles de ‘7,500 pesos la noche’; hay mexicanos que ni pueden ganar al mes.
Con esa austeridad, la verdad sí dan ganas de ser político, la pregunta aquí es ¿me darán las mismas prestaciones?