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LAS PRIMERAS VÍCTIMAS

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El próximo viernes se cumplirán 25 años de uno de los atentados más terribles que se tiene memoria: el ataque a las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York. Todos aquellos que lo vivimos recordamos donde nos encontrábamos en ese preciso instante. Algunos en la escuela, otros en el trabajo, las amas de casa viendo el noticiero, los dueños de restaurantes o fondas en la radio y televisión encendidos. Fue un momento que nadie olvidó.
Respecto a lo ocurrido se ha escrito y filmado muchísimo. Hay novelas, como ‘Windows of the world’, del autor francés Frederic Beigbeder, hasta documentales de gran producción como ‘9/11: One Day in America’.
Los enfoques se basan en los hechos, en los terroristas… pero se olvidan del enfoque victimológico. ¿Quiénes fueron los primeros en perecer? Hoy, en este espacio, les rendimos un merecido homenaje.
Con el registro de ‘VÍCTIMA 0001’, el primer caído durante el atentado fue un sacerdote católico, concretamente de la Orden de los Franciscanos: el padre Mychal Judge. Nacido el 11 de mayo de 1933, era capellán del cuerpo de bomberos de Nueva York. En vida, se dedicó a apoyar a personas sin hogar, migrantes de cualquier nacionalidad, enfermos de VIH-Sida y personas de la comunidad LGBT+. Ese era el ministerio del que estaba completamente orgulloso. En día del atentado, regresaba a la estación de bomberos tras una entrevista con el entonces alcalde de la Gran Manzana, Rudolph Giuliani, cuando el avión se estrelló. Lejos de asustarse o esconderse, el padre Judge se comprometió a ayudar a los bomberos en todo cuanto fuera posible. Desgraciadamente, a las 9:59, cuando cayó la Torre Sur, murió de un traumatismo craneoencefálico. Los bomberos sacaron el cadáver y lo llevaron en una silla al Templo de San Pedro. Fue revestido con una estola que los mismos bomberos tomaron de la sacristía.
Años después, con las investigaciones del atentado, se supo que el padre era homosexual y ocultaba su orientación. Hasta el momento se debate su posible canonización por parte de laicos que exigen su reconocimiento, pero no es santo ni beato oficial de la Iglesia Católica Romana. La página de su orden, Franciscan media, lo evoca: “Era muy generoso con su tiempo y talento. Su amor no conocía límites”.

EN EL VUELO
Daniel Lewin había nacido en mayo de 1970 y era un auténtico genio matemático, empresario y militar israelí-estadounidense. Incluso para el nivel del MIT era brillante, y muchos biógrafos especulan que, de seguir con vida, hoy en día estaría al lado de nombres como Elon Musk, Bill Gates o Steve Jobs.
Por desgracia, a los 31 años de edad, viajaba a bordo del vuelo 11 de American Airlines. Se sentó al lado de dos hombres, sin imaginar que eran los terroristas árabes que secuestrarían el avión.
Lewin se licenció en artes y ciencias obteniendo un Summa Cum Laude. Tenía muchísimos intereses y todos de lo más variados. Durante los años noventa, con el auge de las empresas .com y la creciente popularidad de internet, diseñó el consistent hashing, un algoritmo para optimizar el tráfico en la red, que en aquellos años era desesperante. Paradójicamente, distribuyó adecuadamente el tráfico de internet aquel 11 de septiembre, con el constante flujo de información que hubo.
Dicen que nadie tiene la vida comprada. Daniel se sentó en el asiento 9-B, y cuando empezó el plan de los terroristas, fue apuñalado en el cuello por Satam al-Suqami, uno de los cinco que tomaron el avión. Sobre su vida, una de las biografías más completas es la escrita por Molly Knight Raskin.
Desde el terrorismo hasta el más simple y mundano acto criminal, siempre es importante conocer los hechos y estudiar al agresor, pero sobre todo, saber que había en la vida, mente y alma, de las víctimas de estos deplorables y ruines actos.
La cifra oficial de muertos en los atentados del 11 de septiembre de 2001 es de 2,977 personas.

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