La trata de personas y el robo de niños son dos crímenes que causan indignación y laceran a la sociedad. En muchas ocasiones, los perpetradores reciben su castigo, pero en otras, desgraciadamente, quedan impunes. Tal fue el caso de Georgia Tann, cuyos actos se descubrieron hasta años después, impactando a políticos y celebridades a quienes ofreció sus siniestros servicios, pues durante su vida llegó a secuestrar y vender a cerca de 5,000 niños.

Nacida el 18 de julio de 1891, con el nombre de Beulah George Tann, era hija de un importante juez y estudió trabajo social centrándose en el tema de las adopciones. Pasó buena parte de su vida en Memphis, Tennessee. Gracias a los contactos de su padre, llegó a ser directora del Tennessee Children’s Home Society, donde comenzaría su imperio criminal.

Georgia supo mantener una imagen de bondad y dulzura muy bien. Asesoró en materia de adopción a la primera dama Eleanor Roosevelt, y tramitó papeleo para millonarios y celebridades como la actriz Joan Crawford. Su imagen de mujer adinerada y abuelita encantadora, aunado a sus influencias le dieron ganancias que le permitieron vivir con lujos excesivos, un prestigio inmenso, pero sobre todo, impunidad.

Tann quería obtener más dinero al menor riesgo posible, sin importarle que lo que para ella era ‘mercancía’ para el resto del mundo se trataba de seres humanos.

Corrían los años 40 del siglo XX y el papeleo para adoptar no era tan riguroso como hoy en día, de modo que Georgia comenzó a vender bebés sin ningún reparo.

En un principio, compraba a los bebés a familias pobres, pero después coaccionaba a las madres, enviando a sus secuaces a amenazarlas. Cuando los bebés no obtenían una familia, los dejaba en sus cunas sin ninguna atención, y muchos de ellos morían de inanición o enfermedades. Aproximadamente 500 murieron debido a negligencia. Por si eso fuera poco, muchos de los niños eran sedados para trasladarlos fuera de sus estados. Aquellos que eran hermanos los separaban con diferentes familias, y solo algunos, más de 50 años después, pudieron reencontrarse gracias a internet o programas como “Misterios sin resolver”.

Con el paso del tiempo, los crímenes de Georgia Tann aumentaron todavía más.

Llegó a subir a su limusina y acechar afuera de escuelas, parques y ferias. Aguardaba a que los infantes estuvieran solos y mandaba a sus esbirros para secuestrar a las criaturas. Otra de sus tácticas era ir a clínicas para personas de escasos recursos, acompañada de enfermeras (que no tenían los más mínimos estudios) y les decía a las madres que acababan de parir que el recién nacido estaba enfermo y debía ser atendido, se los llevaban de sus brazos y jamás volvían a verlos.

No solo se trataba de Georgia, sino de toda una red de corrupción y sobornos que ofrecía a hospitales, escuelas, juzgados e instituciones similares. De entrada, las familias interesadas daban a la delincuente cheques por 700 dólares, una auténtica fortuna para aquel entonces.

REPARO DE DAÑOS

Pero eran demasiados los niños que Tann vendía, y las denuncias a su nombre comenzaron a acumularse como la espuma. En 1950, el entonces gobernador de Tennessee, Gordon Browning, abrió la investigación en su contra, ordenando cerrar su casa de adopciones. Sin embargo, Tann tenía avanzado el cáncer de útero, de modo que murió antes de que se presentaran cargos y la policía la detuviera. El daño ya estaba hecho.

Hoy en día, solo algunos de los pequeños que fueron afectados por esta mujer se han reencontrado con sus familias (siendo adultos mayores) y cuentan su historia en el libro “Before and After: the incredible real life stories of orphans who survived the Tennessee children’s home society”, investigado y recopilado por las periodistas Judy Christie y Lisa Wingate.

En el cementerio de Elmwood de Memphis hay una tumba que rinde tributo a las víctimas, como un recordatorio de un hecho que nunca deberá repetirse.

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