VISIÓN COMPARTIDA

En su editorial del 27 de diciembre, el New York times propone una visión que este escribano comparte, tanto con el diario como nuestras preciosísimas lectoras y gallardos lectores.

En 2018, tal vez como nunca antes, los editores hemos tenido que lidiar con gobiernos y líderes políticos obsesionados con imponer su versión de los hechos.
Empeñados en confundir información con opinión, han atizado los prejuicios de sus seguidores, que reaccionan con violencia ante una realidad que rompe con su visión del mundo.
La virulencia con la que se oponen a los hechos, en vez de empañar nuestras convicciones, no ha hecho más que convencernos de la importancia vital del periodismo.
Y no ha logrado ocultar tras el ruido el crecimiento silencioso de los lectores que esperan que cumplamos con nuestro compromiso: ayudar a comprender una realidad vertiginosa, investigar y multiplicar las voces, los formatos y las miradas.

México está “bajando la cortina” del 2018 con una sorpresa tras otra; con argumentos presidenciales de un hombre respaldado por 30 millones de votantes –algunos observadores destacan que cada día son menos, empezando por los burócratas despedidos de manera injustificada, según lo han declarado a diversos medios- que se percibe aún en campaña; que continúa con una narrativa y contenidos discursivos que hacen mella profunda en la población, cuando en estos momentos lo que se requiere es de suma esfuerzos a favor de la unidad y la libertad.

MISMA RETÓRICA

El presidente mexicano –en la misma retórica de Maduro, de Morales o de Ortega, sigue clasificando a nuestro pueblo y lo secciona, entre los “chairos” y los “fifís”, entre los “conservadores”, los “neofascistas” y los “mezquinos de la ultra derecha”, esto es en el gueto de “los adversarios” y sus corifeos.

Deja de asistir al funeral de personajes que han marcado una tendencia ideológica y de pensamiento que no es la del mandatario. Envió a la Secretaría de Gobernación para que ella recibiera la rechifla y las mentadas de madre de un pueblo que está harto –a casi 30 días de haber tomado posesión el nuevo gobierno- de que el encono, los mensajes de odio, la narrativa que invita a la desobediencia y las incongruencias, sean la justificación irracional de lastimar a los más pobres, en nombre de los pobres.

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Las familias que se quedaron sin sustento –como regalo de Navidad del presidente- porque uno de sus integrantes fue despedido sin causa justificada, bajo la bandera de la “Transformación de Cuarta”, declararon a los medios que “Fue un error votar por Obrador”, parafraseando a la gritería que todavía, considera “un honor, votar por Obrador”

MÁS FRENTES

No fue suficiente para el presidente de todos los mexicanos, que nuestro pueblo –ese mismo al que le atribuye la calificación de “pueblo sabio”- repudiara a grandes voces la invitación a Nicolás Maduro, logrando que el dictador reculara y se negara a hacer su aparición en público. El venezolano “agradecería el amor” de los mexicanos que solo pudo demostrar en un Tuit.

La obsesión presidencial va en grande y parece ya imparable, con el festín de sus allegados.

Uno de ellos, vistió al Niño Jesús con las canas y el peinado del presidente López Obrador. Las risotadas –de un cura incluido en el escenario- exigieron una disculpa pública que, desde luego, nunca se va a dar.

Como es de esperarse en este México nuestro, ese lenguaje vulgar, amenazante y divisionista, ha provocado que para esclarecer el desplome del avión en donde viajaban la gobernadora de Puebla y su esposo –un senador de México- se acuda a “expertos internacionales” y a peritos no gubernamentales… El problema es que la sospecha existe. Basta darle un vistazo a las redes sociales que, con o sin razón, cada día hablan más fuerte.

¿Será por eso que los dictadores buscan acallar el disenso? Es pregunta


Por René Mondragón

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