Al mismísimo estilo de la clásica serie “los intocables”, el estado ha adquirido cierto ambiente parecido al que prevalecía durante la época del traficante Al Capone, época inmortalizada por la legendaria canción “la noche en que Chicago se murió”. Nuestra entidad no es Chicago, aquel Chicago de los años veintes, sino peor aún, la hemos rebasado, Al capone sería sólo un niño comparado con los capos actuales. Finalizamos la semana al igual que muchas otras: homicidios y descuartizados por doquier, algunos incluso con la osadía de aventar los despojos humanos afuera de la central de autobuses del municipio de Acámbaro. Y ya ni qué decir de los robos, los cuales están a la orden del día, en un momento histórico en el cual, si te descuidas, te roban hasta el papel higiénico.

Viendo las cosas desde una óptica más optimista, nos enteramos con beneplácito, cómo se fue despedazando la época del terror que sembró la Secretaría de Seguridad Pública de León, cuyo imperio demoniaco fue cayendo columna por columna, cayendo primeramente el pilar central, el ex secretario Ramírez Saldaña, y posteriormente todos sus secuaces, entre los que suena el nombre del ex director de la Policía, conocido entre los subalternos por los apellidos de Ramos Ramos, quienes en descarado contubernio (palabra que significa “pacto hecho entre varias personas para fines censurables, deshonestos”), formaban parte de una especie de cártel que operaba bajo el amparo de la función pública, estando inmiscuidos en todo tipo de escándalos y vínculos con personas de no muy buena reputación.

Sólo una observación nos sobresalta en este punto: nos resulta inconcebible el hecho de que durante largos años, al máximo representante del ayuntamiento de León, le fue imposible remover a todos aquellos funcionarios que era más que claro que no daban “pie con bola”, siendo los autores del deterioro de León Guanajuato en cuanto  materia de seguridad pública se refiere, y siendo la burla de los delincuentes, grandes y pequeños, quienes observaban con singular alegría, que podían actuar impunemente bajo la sombra de la incapacidad e incompetencia policial. Y la situación hubiese seguido así, de no ser por la intervención directa del Gobierno Estatal, quien tomó la decisión de dar, como ellos llaman, un nuevo golpe de timón, (bastante cómico, considerando que nuestro presidente municipal se regocija que navegamos en un mar de la tranquilidad, ya que así lo aseguró con su programa de “ola expansiva de paz”) y fumigar de un solo golpe, a toda la plaga que se encontraba al interior de la Secretaría de Seguridad Pública, situación que por mucho tiempo no pudo hacer el actual representante municipal.

Anuncian nuevamente al nuevo secretario de Seguridad, como si se tratara del mismísimo Eliot Ness, quien hasta hace algunos días, era el encargado de cuidar las espaldas a nuestro joven gobernador. Esperemos que no comience a proliferar el compadrazgo, y que comiencen a posicionarse gente realmente preparada, no sólo en lo que a materia jurídica se refiere (por aquello que les da por contratar en puestos de seguridad pública, en su mayor parte, a licenciados en Derecho, los cuales no siempre son muy derechos) o a elementos policiales de mayor antigüedad, pero no por ello signifique que tengan la mejor preparación. Y ya que estamos hablando de preparación, hablemos de pasada lo inherente a la Academia Metropolitana de Seguridad Pública de León, la cual hasta hace unas semanas, era dirigida por Leilani Tortoledo, la cual en estos momentos debe de estar trabajando arduamente en su nuevo puesto en Washington D.C., o preparándose para que la próxima vez que ocupe puestos de confianza, no se rumore que salió por la puerta de atrás por no acreditar los exámenes de control y confianza. Esperemos que con los nuevos cambios, comiencen a poner directivos aptos en la Academia, y que por favor, incorporen instructores con basta preparación y experiencia, (aunque debo decirles que lo bueno cuesta), ya que hasta el día de hoy, para economizarse unos centavos, muy al estilo de su ruin y mezquina forma de trabajar, pongan a los mismos elementos policiales a capacitarse entre sí, bajo el ridículo título de “comisionados” para ser instructores de la Academia. Lo anterior es tan grave como aquello de que un ciego guíe a otro ciego.

Por cierto, ¿cómo va aquel proceso de que van a adquirir más camaros y corvettes para patrullar el estado? Lo anterior resulta ridículo, pero debo aceptar que es impresionante.

Así mismo, y dicho sea de paso, con estos nuevos cambios, también deberían de cuidar la forma honesta de conducirse de los recién incorporados, ya que, no importa la gran preparación que puedan tener, si desde pequeños están acostumbrados a tomar lo ajeno y a juntarse con malas compañías.

Elevemos nuestras oraciones al Todo Poderoso para que las cosas resulten mejor que ayer.

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