El mantel es el vestido principal de la mesa. Prueba de ello es que en una celebración importante, incluso en el ámbito íntimo y familiar, no faltan un mantel de tela y unas buenas servilletas del mismo material, aunque estas últimas cada vez se dejan ver menos en los hogares.
La mantelería está compuesta por una serie de elementos textiles que se emplean durante el acto las comidas. Básicamente se compone por el mantel y las servilletas aunque también podría incluir el muletón que se coloca bajo el mantel para proteger la mesa de los golpes y las altas temperaturas.
Proteger la mesa
La función principal del mantel es la de proteger la mesa de manchas y humedades producidas durante la comida. Las servilletas se utilizan para limpiarse o secarse la boca y las manos
Históricamente, la importancia de las comidas como espacio de encuentro en la tradición judeo-cristiana contribuyó de forma significativa al desarrollo del mantel y al posterior cuidado de la “puesta en escena” de la mesa.
En la edad media los manteles se volvieron muy importantes ya que se usaban constantemente convirtiéndose en objeto de legítima veneración, debido a que identificaban a la nobleza y sólo se compartían con personas del mismo rango. La mayoría de los manteles eran decorados con bordados y flecos con hilos de oro. De igual forma por esa época empezó a aparecer en las pequeñas tabernas mesas con cubiertas muy sencillas.
En el siglo IXX, los manteles eran habitualmente de damasco, un material con idénticos motivos tejidos por delante y por detrás. El damasco de seda era famoso, exportado de Persia y después de Venecia por largo tiempo. Es entonces cuando los países del norte de Europa, careciendo de materiales sin refinar, inventaron el damasco de lino, que fue muy popular hasta comienzos del siglo IXX.
Llega el algodón
La aparición del algodón revolucionó el damasco. Debido a la suavidad del material su producción se industrializó paulatinamente. Ya en el siglo XX, el color invadió las mesas, inicialmente eran de color pastel, luego pasaron a ser oscuros con brillos y posteriormente los colores fuertes se impusieron como el rojo para la cena de navidad, amarillo para el año nuevo.
Siendo el mantel el vestido principal de la mesa, es mejor no colocar: individuales, mantelitos o manteles de papel y de preferencia se debe usar el muletón o bajo mantel debajo del mantel principal, esto se hace para que el mantel no resbale.
Proteger la mesa de comidas calientes.
Evitar humedades por el derrame de líquidos.
Proteger la mesa de golpes y evitar ruidos durante el servicio de mesa.
El muletón o bajo-mantel de ninguna manera debe ser mayor que el tamaño del mantel, para que no sobresalga. Igualmente no debe ser muy grueso para evitar tener la sensación de cenar o comer en una colchoneta.
El mantel debe cubrir al completo la mesa, pero sin colgar hasta el suelo. La regla más seguida es aquella que indica que solamente debe colgar, como mucho, un tercio de la distancia que haya desde la mesa hasta el suelo.
El mantel tampoco debería quedar muy corto, dejando al descubierto una parte de la mesa o del muletón, o quedando al «ras» de la mesa, tapando justamente el borde de la misma. Si el mantel es calado es casi obligatorio poner un muletón o «fondo» para evitar que se vea la mesa.
El mantel debería conjuntar con la mayor parte de elementos que componen la mesa. Combinar bien con la vajilla, con los cubiertos, con los adornos, etc. El color más utilizado y elegante es el blanco, y los colores pastel suave o el color marfil. En determinadas ocasiones, como Navidad por ejemplo, se pueden utilizar manteles con diversos motivos referentes a la festividad que se celebra. Las servilletas, deben combinar bien con el mantel, o al menos ir conjuntadas con él (si no pertenecen al mismo juego de mesa). Las servilletas se colocan a la derecha del plato, aunque en diversos libros de protocolo hay autores que las sitúan a la izquierda del plato también. Encima del plato, no se debería colocar aunque también se hace en muchas ocasiones.
Quieres saber cuáles son los mejores trucos para tener tus manteles impecables?
• Cuando un mantel muestra manchas amarillas lo más indicado es dejarlo en remojo con bicarbonato, y después lavarlo normalmente en la lavadora. El amoniaco también suele dar buenos resultados, en una proporción de dos cucharadas por cada litro de agua. Si el mantel es blanco lo mejor es la lejía, aunque si se trata de un tejido delicado puedes empapar en leche y dejar secar al sol.
• El limón también es un excelente blanqueador, pero debe ser aplicado en cada mancha particularmente. Es un excelente refuerzo para cualquiera de los métodos anteriormente nombrados.
• En cuanto al lavado debes prestar principal atención al tipo de tela del mantel, cada una tiene sus indicaciones y muchas veces están en la etiqueta del mismo. Por lo general son de fibra, la cual requiere lavado en agua fría y sin centrifugado. Las telas más delicadas, con bordados o detalles especiales deben ser remojados en agua fría salada y lavados a mano para que no se estropeen.
• Recuerda que luego del lavado debes dejarlos secando a la sombra para evitar manchas por el sol, además de dejarlos el tiempo justo para que no se endurezcan o arruguen.
• Un truco no muy conocido es que puedes espolvorear un poco de almidón en la mantelería para que tengan más cuerpo y queden mejor una vez colocados en la mesa.
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Preparación
Comienza rallado el jabón neutro o de Castilla hasta completar media taza, luego rellena el resto de la taza con bicarbonato de sodio, finalmente agrega el aceite esencial que más te guste, los de cítricos van muy bien ya que dan un aroma fresco a la ropa recién lavada.
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