
Hay lugares a los que un artista regresa como visitante y otros a los que vuelve como quien regresa a casa. Para Teo González, León es lo segundo.
El comediante leonés mantiene intacto el vínculo con su público y lo demuestra cada vez que pisa un escenario de su tierra.
Ahora se prepara una nueva visita al Teatro Manuel Doblado, este viernes 4 de septiembre, donde compartirá la noche con Hernán “El Potro” y Rogelio Ramos, en una combinación de estilos que promete una buena dosis de humor.
Para Teo, la reunión tiene un ingrediente especial. Este año cumple 43 años de aquel primer show pagado que realizó en León, una trayectoria que comenzó con una rutina de stand-up sobre su propia vida y que con el paso del tiempo lo convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la comedia mexicana.
“Si este tiempo me da el privilegio de ser clásico, pues sí, ya soy clásico”, nos dijo en entrevista para El Heraldo de León, con su característico sentido del humor, el carismático comediante, orgulloso de dicho y hecho, panza verde, quien está próximo a cumplir 66 años de vida.
Y es precisamente, su gran sentido del humor, nos aseguró, que le ha permitido sobrevivir al paso del tiempo. Rutinas como la del “chavo fresa” siguen siendo identificadas por nuevas generaciones, una vigencia que Teo atribuye, en buena medida, a la comedia familiar.
“Cuando haces comedia familiar, es atemporal”, explicó. Y lo demuestra con una trayectoria en la que ha compartido escenario tanto con figuras consagradas como con nuevas generaciones del stand-up.
Y ahora, con Rogelio Ramos y Hernán ‘El Potro’, con el show Compadr3s cada uno tendrá su propio espacio y, al final, los tres comediantes se encontrarán en el escenario para una dinámica de improvisación en la que, según Teo, muchas veces ellos mismos terminan divirtiéndose tanto como el público.
Un chiste muy leonés
Y si de León se trata, Teo también tiene material. Durante la charla recordó que suelen preguntarle por qué cuenta chistes de Monterrey o Veracruz, pero casi nunca de su propia tierra.
La respuesta llegó en forma de anécdota: un leonés que pasa ocho años en Estados Unidos y, tras ser deportado, regresa a casa hablando en “spanglish”. Al reencontrarse con su madre, pregunta por los frijoles y hasta cuestiona qué es el atolito que le prepara.
Después, mientras arregla su cuarto, encuentra una nota sobre unos zapatos que dejó en el Mercado de la Luz antes de irse del país, decide ir por ellos y se encuentra con Don Chuy, el remendón, quien confirma que todavía los tiene.
El leonés, sorprendido por la suerte, pide que se los entregue. “Te los tengo para el jueves”, concluyó Teo.