La ciudad se ha vuelto una locura, el laberinto de concreto se llena de un ambiente digno del carnaval de Rio de Janeiro, pero a diferencia de la festividad carioca, donde todo es alegría, aquí nos distinguimos por la ola de terror que vivimos día con día. ¿Por dónde comenzar? ¿Por el golpe de timón de la Marina, donde no hubo detenidos de alto nivel? ¿Por la detención del Director de Seguridad Pública del Municipio de Manuel Doblado, vinculado por secuestro en agravio de dos mujeres encontradas maniatadas en su vehículo? O peor aun, por la amenaza de bomba a los juzgados civiles del Municipio de Leon, lo cual nos deja ver que la delincuencia ya no respeta ni a la procuracion ni administracion de justicia. A lo largo de la semana, se difundió a través de los medios de comunicación, la noticia de la aparición de algunos encobijados en la ciudad, nota que me sorprendió de sobremanera, ya que el autor de estas líneas no concibe la idea de una persona envuelta en cobijas a plena luz del día y con este calor insoportable, ya que no hay personas que se atrevan a envolverse en cobijas con estas altas temperaturas, salvo una excepción: las personas sin vida. Esa es la realidad: hemos vuelto a nuestro coloquial Estado, distinguido en un pasado no muy lejano, por su tranquilidad y su ambiente cultural, con festivales cervantinos por aquí y globos aerostáticos por allá, teniendo como celebración anual una de las ferias más importantes de México, y municipios catalogados por la UNESCO como patrimonio cultural de la Humanidad.
Pero ahora, la situación es diferente, y ya no sabemos si reír o llorar. Temblamos de terror al salir a la calle, preocupados por una bala perdida, un robo, un asalto, una violación; no nos sentimos libres ni mucho menos seguros, de ir a los cajeros automáticos a retirar efectivo, ni tampoco a usar nuestras tarjetas bancarias, por aquello de los hackers, los cuales también ya han optado por la ciudad como su centro de operaciones.
Han puesto la primera piedra para el Instituto de Formación en Seguridad, en el mismo territorio del Cartel de Santa Rosa de Lima, queriendo nuevamente verle al pueblo la cara de tontos, engañando al más puro estilo de la política mexicana.
Cuando no puedes dejar estacionado tu vehículo en la calle sin preocupaciones, ni subirte al transporte público sin temor a ser asaltado o abusado sexualmente, (por cierto, nuestras magnánimas autoridades dejaron libre al acosador de jóvenes universitarias, apodado “el chaquetas”, esperando quizás a que cometa crímenes más atroces, o quizás por temor a una recomendación de la Procuraduría de los Derechos Humanos), cuando pierdes la esperanza en una educación pública de calidad, o ves las carencias en los servicios de salud, observando con tristeza el pésimo servicio de los hospitales propiciado por la falta de recursos y de personal médico, viendo con ojos desorbitados cómo un solo médico de guardia y un sequito de famélicos pasantes de medicina, cansados, flacos y ojerosos, deben cubrir un turno completamente lleno de enfermos, cuya fila se alarga hasta las afueras de la entrada principal, cuando la hija de un afamado cantante de rock mexicano da la indicación de matar al Presidente de la Nación, entonces ya no hay esperanza.
La semana pasada, leí con beneplácito la columna de mi homólogo Fito Pons, donde pone de manifiesto que la inseguridad leonesa proviene de los delitos de bajo impacto, siendo estos más del 80% del total de ilícitos cometidos en el Municipio. Coincidimos plenamente con su observación.
Sería bueno que nuestros máximos representantes leyeran la obra “La República”, del filósofo Platón, para que aprendieran que gobernar no es sinónimo de robar. Y tampoco estaría mal, dicho sea de paso, recomendarles la lectura de “ética para Amador”, del Maestro Fernando Savater.
¿Hasta cuándo se van a dignar a ver la necesidad de un pueblo temeroso del ladrón de poca monta pero que se ha encargado de distribuir el error cotidiano en cualquier parada de autobús?
Si se destinaran los mismos elementos policiales que se mandan para custodiar un partido de fut bol, para salvaguardar las colonias más conflictivas, cambiaría notoriamente la percepción de la inseguridad ciudadana. Pero lamentablemente no es así.
Fernando Vallejo, en su obra, la virgen de los Sicarios, señala que: “cuando la humanidad se sienta sobre sus traseros ante un televisor a ver a veintidós adultos infantiles dándole patadas a un balón, no hay esperanzas. Dan ganas de darle a la humanidad una patada en el trasero, que desocupen la tierra y no vuelvan más…”. Mientras sigamos acampando para conseguir un boleto para ver jugar a la fiera, el camino de la verdadera transformación está todavía muy lejos. Una disculpa ofrezco para aquellos a los que estás líneas pudiesen ofender. Un abrazo fraternal.
