
La grotesca escena del miércoles pasado, en la Cámara de Senadores, entre el vulgar y corriente político del PT, miembro de la 4T y senador de la república, Gerardo Fernández Noroña. Con su par, el senador y presidente del CEN del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, igual de impresentable uno que otro, han llevado a la política y toda la actual clase política, al precipicio de la banalidad y miseria humana.
No podía ser de otra manera. Con la llegada de MORENA y el movimiento que autonombraron como la Cuarta Transformación, el arribo de un puñado de resentidos políticos de oposición, junto con indecentes y corruptos políticos que militaron en el PRI, PAN y PRD, han conformado la nueva clase política gobernante.
Y con un discurso beligerante y violento desde Palacio Nacional en 2018 con AMLO y ahora con la presidenta Claudia Sheinbaum, que sigue igual de provocadora que su antecesor, ha venido creciendo el discurso salvaje y furioso, por parte de diferentes liderazgos de la 4T y del partido MORENA, como es el caso de Fernández Noroña, que ha llevado su alegato al más alto grado de lo ordinario.
El discurso violento de los políticos de MORENA y de la 4T, cómo máximo exponente Gerardo Fernández Noroña, usan la agresión verbal y el odio para descalificar oponentes, polarizar a la sociedad y legitimar acciones violentas, como es el caso de la política pública implementada en el gobierno de López Obrador, denominada: “Abrazos, no balazos”.
Existen estudios sociológicos, apoyados en teorías sobre emociones y comunicación, donde analizan cómo el lenguaje discriminatorio busca apelar a la emotividad de los electores, promoviendo la desconfianza y la desilusión política, y poniendo en peligro la democracia, sus instituciones y los derechos humanos.
Fernández Noroña, Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Layda Sansores, Rocío Nahle, Ana Gabriela Guevara, Manuel Bartlett Díaz, José Ramón López Beltrán, Sergio Gutiérrez Luna y un puñado más de hombres y mujeres de la 4T, utilizan el discurso del odio promoviendo la violencia y la intolerancia un día si y otro también.
Analizando los tristes y penosos acontecimientos de estos dos políticos impresentables, sus partidos políticos y sus aliados, la realidad social y política que se vive actualmente en nuestro país, se puede apreciar que, como es el día a día en todos los rincones de México, la violencia política continúa siendo un medio para dominar a otros y establecer, cambiar o preservar determinado orden social.
Esta constante relación entre poder y violencia hace que la violencia política sea un tema complejo con consecuencias sociales, políticas y psicológicas, entre otras. Por todo esto, teniendo en cuenta que la violencia política ha sido y sigue siendo una constante en el México actual, es esencial asumir un compromiso con la explicación y construcción de una sociedad en la que el ordenamiento social y político se pueda reformar a través de canales de participación social.
Esperemos de verdad, que después de llegar a esté patético momento de la vida política de México, la sociedad en su mayoría exprese su rechazo rotundo al uso de la violencia para alcanzar el poder y dominio político. No puede seguir la actual clase política gobernante, es necesario y urgente que emerjan nuevas figuras de la sociedad al relevo político. No más simulaciones.