La morbosa candidatura del exalcalde de León, Ricardo Sheffield, para contender por segunda ocasión a la presidencia municipal, ahora por el partido Morena, sin duda genera atractivo en medios de comunicación, así como en los corrillos políticos de la ciudad más industrial del estado. Ese atractivo no es por otra cosa, más que la “caballada está muy flaca” y su participación genera un buen condimento de sal y pimienta.

La personalidad del exalcalde genera muchos sentimientos encontrados, por no decir que resentimientos acumulados por propios y extraños respecto a su persona y a su actuación política con resultados más negativos que alguno que otro positivo. En cuanto a lo primero, siempre fue conocido como un personaje singular en sus formas de hacer política, estridente y fanfarrón que le dio resultados.

Su actuación política como edil de la ciudad de León siempre fue y será recordada como la mejor y mayor prueba ciudadana de su administración, que dio pie a que después de 23 años ininterrumpidos de gobiernos municipales panistas, el PAN perdió la siguiente elección, castigando los ciudadanos el resultado de su gestión y entregando al PRI el triunfo electoral en la siguiente administración con resultados también, desastrosos de escándalos de corrupción por todos lados.

Lo que nunca perdonará la ciudadanía como el panismo recalcitrante que vive en la ciudad es la traición. ¡Sí! La traición a sus ideales y principios donde siempre el “mago del canal 10” en compañía del payaso Pipo, defendió a ultranza los principios del PAN y gracias al panismo alcanzó sus mejores puestos políticos en el municipio, en el estado y la federación. Y fue hasta que el panismo le negó la posibilidad de ser candidato al gobierno del estado, cuando traicionó sus sueños y ofreció su “cuerpo” al mejor postor: AMLO y Morena.

Sheffield perdió tres a uno la elección al gobierno del estado en 2018, pero ganó políticamente al llegar a la presidencia su nuevo aliado político, el hoy presidente de México. Al más viejo y rancio estilo del PRI, Morena que es una burda copia del priismo, rescató al expanista convirtiéndolo en procurador del Consumidor. Desde ahí, el nuevo responsable de la política al consumo, encontró un nicho de mercado posicionándolo como un “nuevo” personaje de la 4T que todos los lunes leía un aburrido informe de los precios de las gasolinas, sin más interés que ver al “maguito” hablar y hablar a nivel nacional.

El expanista sabe bien que no tiene nada que hacer en su ciudad natal, donde el panismo es lo que Morena en la CDMX. Sin embargo, su llegada a contender por la presidencia municipal de León, obedece a un nuevo arreglo con su actual patrón, donde perdiendo va a ganar. Le darán de nuevo un premio de consolación nacional para seguir vigente tres años más y así buscar de nuevo la gubernatura de Guanajuato en 2024, donde seguramente volverá a perder.

Pero su objetivo primordial será obtener la mayor cantidad de votos posibles para su nuevo partido Morena y hacer sufrir o pretender generar un susto a su excolaboradora y abanderada del PAN a quien no perdona su “deslealtad” desde la visión del morenista que pretende cobrarse una afrenta personal.

Como siempre, la mezquindad del político leonés, que lo único que busca es su interés personal.

Ni un solo voto por Morena. ¿No cree usted?

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