El Papa Francisco, durante su homilía, mencionó lo siguiente: “Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa.

Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: perecemos”.

Hoy priva el miedo y la incertidumbre, ocasionados sí por esta pandemia que está azotando al planeta, pero también por la falta de liderazgo que se esperaría de parte del Gobierno Federal.

El presidente de la República ha sido enfático al señalar que no existirán rescates a las empresas, ni condonación de impuestos, porque esas prácticas de los gobiernos neoliberales ya se terminaron. Ha reiterado que México está preparado para hacer frente a los estragos de la pandemia; y ha insistido en que los apoyos se enfocarán en apoyar a los pobres, que son quienes más necesitan de la ayuda del Gobierno. Inclusive, la organización Humans Rights Watch ha condenado que el comportamiento del presidente López Obrador, frente a esta crisis, pone en peligro la salud de los mexicanos.

Seguramente nadie cuestiona que se proteja a los más vulnerables por medio de programas sociales para aliviar la situación de las familias mexicanas en estos tiempos tan convulsos. Pero el negar el apoyo a los sectores productivos, terminará provocando el cierre de incontables empresas – micros, pequeñas y medianas – teniendo como consecuencia la pérdida de empleos.

Los organismos empresariales han propuesto diversas medidas de apoyo, que no tienen que ver con la condonación de impuestos; y la respuesta por parte del jefe del Ejecutivo ha sido el silencio. Quizás olvida el presidente que la principal fuente de ingresos del Gobierno proviene de los impuestos de las empresas; y que el medio de subsistencia de muchas familias es el empleo que las empresas generan.

En efecto, deberíamos estar todos en una misma barca, y remar juntos, pero parecería que hay algunos a quienes vale la pena salvar; y otros a quienes se les dejará a su suerte. El Gobierno no lo puede todo, aun cuando así lo crea el presidente de la República.

En su conferencia matutina del pasado viernes, apeló al sentido humanista de los empresarios, para apoyar en esta crisis, manteniendo los empleos y pagando los salarios correspondientes. Algunos podrán hacerlo temporalmente, otros no tendrán alternativa más que cerrar sus puertas y liquidar su activo más preciado: su personal. Es una lástima que el Gobierno Federal se muestre insensible a la situación de los negocios. Los empresarios no están en el mismo barco y seguramente muchos de ellos dirán con angustia: perecemos.

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