Los restos del faraón egipcio Tutankamón yacen en el Parque Bicentenario a través de 200 piezas que representan fieles reproducciones de los tesoros y elementos que acompañan a su sarcófago.

La exposición está abierta al público desde el pasado 26 de septiembre y representa un viaje a la historia, al misterio, a la leyenda y…  a la mítica “maldición”.

200 años después de descubiertos los tesoros en torno al sarcófago, el poder del faraón sigue vivo y latente a través de esta exposición: la tumba, el oro y la maldición.

En un recorrido ofrecido por los organizadores se constató la ambientación a través de las salas que anticipan al sepulcro, una aventura latente entre el devenir de dos siglos.

La exposición llegó a Guanajuato para hacer una temporada hasta marzo del próximo año, casi cinco meses, como un pasaporte de experiencia hacia la cultura egipcia.

La milenaria tradición envuelve misterios imperecederos, como la maldición del faraón, escrita en un retablo dentro de la exposición:

En marzo de 1923, cuatro meses después de abrir la tumba, Lord Carnarvon fue picado por un mosquito y poco después, se murió.

Cuando Lord Carnarvon murió en El Cairo hubo un gran apagón que dejó a oscuras la ciudad. Poco más necesitó la prensa holandesa para dar a conocer las leyendas de la maldición del faraón.

Incluso, hubo quien afirmó que en un muro de las entre cámaras estaba escrito: “La muerte vendrá sobre alas ligeras al que estorbe la paz del faraón”.

Hoy, el misticismo de Tutankamón sigue latente y se encuentra en Guanajuato para contar su historia.

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