Hay quienes viven de infundir miedo: se trata de los encargados de las casas embrujadas de las ferias.

Mantener en funcionamiento correcto una casa de los sustos es una labor intensa y exhaustiva. Desde en engrasado correcto, la colocación de todas las piezas, hasta las grabaciones de los alaridos y las figuras de hombres lobo y espectros.

Martha Patricia López Chávez tiene un trabajo muy especial: a su cargo. No hay solo seres humanos, son también demonios, la Llorona, vampiros, zombis y ánimas en pena. Es operadora de “Dark Ride”, el recorrido en carrito que se conoce popularmente como La Casa de los Sustos. Ella es originaria de Durango, y desde niña se ha dedicado a viajar en ferias itinerantes. “Tengo toda la vida aquí. Incluso mi mamá aquí me tuvo, y yo fui aprendiendo. Somos juegueros de años”.

“Este es un trenecito. En el carrito entran dos personas, según se va avanzando, se activan los sensores y las figuras se mueven y asustan. Cada una tiene sus funciones. Además de la Llorona y el hombre lobo, tenemos varias pinturas. Funciona cuando el carrito comienza a desplazarse, y se le pide a la gente que no saque ni pies ni manos. No hay personas adentro, todo es un mecanismo”, dice.

Se debe de revisar todo: carros, vías, motores. Para que todo funcione bien, el mantenimiento debe ser constante. Como mujer, Martha sabe que es un error común considerar que su trabajo es exclusivo de hombres: “nosotras también podemos. Entre compañeros todos nos ayudamos”.

Durante la cancelación de todas las actividades, la casa de los sustos vivió un verdadero terror, pues al tratarse de un espacio cerrado y estrecho, no se les permitió trabajar. “Ahora que nos llamaron para poder volver a trabajar, estamos felices de la vida”.

Sin embargo, el mundo moderno en el que se puede acceder a la información de manera instantánea e inmediata, ha hecho que el miedo se reduzca en las nuevas generaciones. Así es como lo explica la propia Martha: “A los niños de ahora ya no les da miedo nada”.

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