Ha sido el presidente más corrupto de México. No existe precedente en la era moderna, del mandatario que haya negociado y pactado con el crimen organizado, como Andrés Manuel López Obardor. Gracias a esa asociación política y económica, el partido MORENA alcanzó niveles de popularidad y poder, nunca visto en la democracia mexicana.
Es imposible entender la súbita exposición electoral y de posicionamiento político en tan poco tiempo, de un partido político que obtuvo su registro oficial en 2014 y cuatro años después, logró la presidencia de la república. No se puede explicar un triunfo meteórico, sin el apoyo del narcotráfico y su poder corruptor y económico.
Muchas, muchas, muchas voces lo denunciaron durante el proceso electoral del 2018, del 2021 y en las elecciones presidenciales del 2024. La presencia de distintos cárteles del narco, se hicieron presentes de manera directa y visible a lo largo y ancho de la república mexicana. Relatos iban y venían de habitantes presionados por el narcotráfico, para votar a favor de candidatos de MORENA.
Pasamos de la compra de votos y de la presión del crimen organizado por medio del miedo, para votar a favor del partido en el poder y de sus aliados políticos del PT y PVEM, totalmente identificados por la ciudadanía con nombres y apellidos en los municipios y distritos electorales, a votar por narcos convertidos en políticos a puestos de diputados locales, federales, senadores, alcaldes y gobernadores.
El miedo enmudeció a miles de ciudadanas y ciudadanos, para no denunciar aquellos delincuentes que pedían el voto a favor de las y los candidatos de MORENA, vinculados con el narcotráfico. Muchos, prefirieron no tener problemas y mejor votar por el candidato que promovía el crimen organizado. Un elemento adicional, los programas sociales aderezaban la voluntad condicionada de millones de mexicanas y mexicanos.
Durante todo este recorrido del 2014 un líder político y social, de levantaba como adalid de la democracia y víctima del sistema político, que criticaba acremente todo y a todos, prometiendo ser diferente y encumbrar a los pobres de México al poder. Durante todo ese tiempo, el financiamiento privado del narcotráfico fortalecía a su líder. Cuatro años después, el líder transitó a candidato y alcanzó la presidencia de la república.
Todo se perfeccionó en las elecciones intermedias del 2021 y en las presidenciales del 2024, con 23 gubernaturas de MORENA y una más de su aliado el PVEM. Por supuesto, los Congresos Locales se constituyen de forma idéntica. Este milagro o fenómeno electoral-democrático ha sido auspiciado por el dinero del narcotráfico y su poder corruptor, bajo la visión y liderazgo de Andrés Manuel López Obardor.
Entre las más de 100,000 afirmaciones falsas o mentiras, pronunciadas por López Obardor (según informes de SPIN-Taller de Comunicación Política), AMLO dijo una y otra vez, que dejando la presidencia de la república se iría a la “chingada” su finca-rancho de descanso en Palenque, Chiapas y no volveríamos a saber de él, nunca más. ¡No ha sido así!
Hace unos días, el 30 de septiembre volvió aparecer por sexta ocasión con el pretexto de la publicación de un libro, pero, para fijar su posición de temas actuales de la vida nacional. Como sino no fuera poca cosa, el periódico más influyente del mundo The New York Times, revelaba tan sólo unos días que dos agencias de Estados Unidos examinan acusaciones sobre supuestos vínculos de su hijo Andy con el crimen organizado y el contrabando de huachicol.
Los escándalos que persiguen a sus hijos y al círculo de colaboradores es más que evidente en los Estados Unidos y en nuestro país. López Obrador, prefirió por el vulgar cinismo y ridículo nacional, al decir que en México se acabó la corrupción “digan lo que digan”. Las alianzas de AMLO con el crimen organizado, que permitió que llegará al poder en compañía de su movimiento la 4T y su partido MORENA, están a punto de ser evidenciadas.
