Este síndrome es el terror de cualquier escritor ya que es la frustración de una inspiración ausente en el momento en que necesitamos más de ella, esto ocurre con todas las personas que se dicen ser creativas y manejan de ello, es tan frustrante que puede hacernos perder una vez completo sin que podamos sacar algo que nos llene el ojo.
Dicen los expertos que basta con ir a pasear para despejarse un poco, basta con respirar profundo, para regresar después frescos y con una nueva perspectiva. En mi caso la música me ha rescatado, sin embargo he notado que la acumulación del trabajo no es buena compañía a la hora de ser creativos, el estrés y la preocupación hace que tu mente se llene de pensamientos, evitando claro que haya un espacio para las ideas novedosas y frescas que tanto necesitas, por eso son tan importantes los momentos de ocio, los momentos en que simplemente eres y no necesariamente tienes que estar haciendo algo. Si tu instrumento de “trabajo” es tu mente entonces necesitas darle mantenimiento, comer bien, hacer ejercicios tanto corporales (por aquello del oxígeno) cómo mentales.
Damos por hecho que nuestra mente siempre va a estar al cien cuando el tratamiento que le damos no es así, nos desvelamos, casi no tomamos agua, llenamos nuestro cuerpo de hormonas por el estrés, y aún así queremos sacarle el mejor provecho.
Nos tratamos como si fuéramos máquinas expulsadoras de ideas y esto no es así … ¿recuerdan qué en artículos anteriores habla acerca del amor propio? Pues esto también es parte, nos han enseñado a ser productivos como si la vida se tratara de trabajar y nada más. Entonces vivimos apurados todo el tiempo preguntándonos por qué no somos felices haciendo lo que supuestamente nos gusta; pues la respuesta podría estar en que se debe al trato que nosotros mismos nos damos, piénsalo: ¿cuándo fue la última vez en la que no hiciste absolutamente nada?
