
León ha tenido criminales que han marcado una época, que sus actos viles son recordaros, años después, con una mezcla de miedo, terror y hasta un culposo morbo. Basta con mencionar al ‘Loco del ácido’, el ‘Asaltanovios’, ‘El Parricida’ e incluso las Poquianchis, quienes pese a ser originarias de Lagos de Moreno, impactaron en la ciudad.
Sin embargo, hay uno muy particular, que destacó por su sadismo y por haber sido partícipe de uno de los eventos históricos más importantes de León: su nombre fue José Ortiz Muñoz, mejor conocido como ‘El Sapo’, y el acontecimiento en cuestión, la Matanza de los Mártires del 2 de enero.
Su historia es tan estrafalaria, que no le pide nada a una serie de moda sobre crímenes reales. Así ocurrió. Era lo que hoy en día llamaríamos un asesino serial, pero no se le calificó como tal porque el término sería creado hasta los años setenta, por el criminólogo y agente del FBI Robert Ressler.
Como muchos criminales de su perfil, se sentía orgulloso de matar, y presumía haber acabado con más de 130 vidas. Sin embargo, es habitual que los delincuentes de su perfil exageren sus acciones, pues son adeptos a llamar la atención. Lo cierto es que desde que cursaba segundo de primaria ya acuchillaba a sus compañeros.
Desde joven, José Ortiz tuvo un comportamiento violento y antisocial. Muchos creerían que iba a terminar muerto o en la cárcel a edad muy temprana, pero decidió enlistarse en al ejército, donde podría dar rienda suelta a su violencia. No era un hombre nada agraciado (de allí su apodo) y era, como suele decirse, “de mecha corta”. Así, presumió que tuvo una participación en la masacre del 2 de enero, aunque la información al respecto son las declaraciones del crminal.
Tuvo, además, el dudoso honor de estar encerrado en las dos cárceles más famosas en la historia de México: El Palacio Negro de Lecumberri y las Islas Marías. Allí, conoció al famosísimo Padre Trampitas, quien siempre tuvo un papel muy importante tratando a los internos.
En el libro ‘Crimen y en la historia de México Nuevas miradas Justicia’, coordinado por el Dr. Salvador Cárdenas Gutiérrezy la Dra. Elisa Speckman Guerra se antologa el artículo ‘Reflexiones psiquiátricas sobre los crímenes de «El Sapo» (1954), escrito por Andrés Ríos Molina, que señala que, aunque ya había casos en México de asesinos seriales como el Chalequero o Goyo Cárdenas, el del Sapo resulta impactante por la forma como se enorgullecía de quitar vidas. Además que nunca mostró signos de enfermedad mental, aunado a que:
“Pese a la cantidad de delitos adjudicados, en ningún momento se pretendió usar la locura como excusa para atenuar su responsabilidad jurídica. Este caso no ingresó al terreno de lo psiquiátrico: ningún Juez solicitó peritaje en búsqueda de alguna enfermedad mental que lo hiciera asesinar sin causa y tampoco estuvo internado en el Manicomio «La Castañeda». Este asesino serial conocido como «El Sapo».



