¿Qué fue primero? ¿el huevo o la gallina? En época del Coronavirus esta pregunta se vuelve relevante. Hace casi cuatro meses que apareció el primer caso de esta enfermedad.

Las noticias han dado cada vez mayor cobertura conforme el virus se ha ido propagando por el mundo entero; y como el contagio es exponencial, el miedo también ha ido creciendo en la misma medida.

Como resultado de ese miedo, los gobiernos de diferentes naciones, empresas privadas, familias e individuos han empezado a ser presas del temor, llevándolos a tomar decisiones que, en algunos casos, parecerían irracionales. No hay duda de que este virus ha contagiado también a la economía. La pregunta sería: ¿qué causará un mayor impacto? ¿la enfermedad o el pánico?

La dinámica de nuestra ciudad parecía no haber sufrido grandes cambios a raíz del Coronavirus. Al final del día, México no ha sido tan gravemente afectado como otras naciones; y Guanajuato parecería estar a salvo, al menos hasta ahora.

Sin embargo, ya no es raro ver a personas en la calle utilizando cubrebocas. Las cadenas de autoservicio y las farmacias no tienen en existencia ni gel, ni espráis, ni toallitas antibacteriales. Algunos comercios han comenzado a resentir la disminución del número de clientes; y, por otro lado, personas han comenzado a lucrar con la oportunidad que se les ha presentado de vender artículos que podrían prevenir el Coronavirus. Esto es porque los consumidores han comenzado a ser presas del pánico.

De acuerdo con un estudio realizado por la Association for Consumer Research, en situaciones de crisis, hay un mal funcionamiento de nuestras habilidades cognitivas, en términos de procesamiento de información, para analizar las alternativas que tenemos.

Mientras más presionados nos sentimos, consideraremos un menor número de alternativas, y mucho mayor será la probabilidad de tomar decisiones antes de lo necesario, llevándonos a elegir alternativas que son incorrectas.

El bombardeo de información – y de desinformación – al cual estamos siendo sujetos de manera permanente, nos presiona a tomar decisiones para prevenir, en la medida de lo posible, el contagio de este nefasto virus.

En condiciones normales, un consumidor evalúa sus alternativas según el costo – beneficio de cada una de ellas, priorizando aquellas que le representen una mayor satisfacción. Sin embargo, según un artículo que lleva por título “Entendiendo el pánico del consumidor: una perspectiva sociológica”, afirma que el pánico ocurre cuando se dan las siguientes tres condiciones en los consumidores: la percepción de un peligro inminente; la inhabilidad para enfrentar la amenaza que este peligro representa; y la existencia de, cada vez menos, rutas de escape. Cuando se juntan estas tres condiciones, el consumidor decide pasar de la percepción a la acción, aun cuando esto implique brincar el proceso racional de toma de decisiones.

Las compras de pánico pueden ocasionar escasez de productos y un incremento en los precios. Pero el pánico también puede apoderarse de los gobiernos y de las empresas. Si juntamos todos estos elementos, el pánico podría ser el factor primordial para terminar de dar al traste con la economía mundial. Debo ser muy enfático al afirmar que no tengo elementos para juzgar las decisiones que los gobiernos, las empresas, las familias o los individuos están tomando.

Yo mismo me siento muy desconcertado en este momento. Lo que pretendo con este texto es simplemente dar una explicación de la psicología del consumidor al tomar decisiones en condiciones de pánico, esperando poder ser lo más objetivo posible en estos momentos de crisis sanitaria.

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