Alto a la delincuencia

Quien en México no haya sido víctima de un asalto o de un robo a casa habitación, en su vida, es privilegiado. Yo directamente, no he sido víctima de tales delitos, pero los he padecido a través de mis seres más cercanos y queridos. Recuerdo aún, hacia mediados de los años 80, cómo irrumpieron en casa de mis padres, ubicada en ese entonces en una naciente colonia residencial al norte de la ciudad. Siendo una niña, me impresionó ver vidrios rotos, la ropa revuelta, los colchones destazados y los clósets y paredes llenos de huellas. La policía en esa época, no pudo hacer nada. El sentimiento de tristeza e impotencia, también, a mi corta edad, lo experimenté yo. No basta que le digan a uno que lo material se repone. Es cierto, pero de momento uno no logra comprender el por qué un ser humano actuaría con el ánimo de perjudicar al prójimo. ¿Por qué no trabajan, piensa uno? ¿Por qué quieren adueñarse de lo que no les pertenece, si el afectado trabajó arduamente para ganarse lo que tiene? A todas luces y a los ojos de cualquiera, es injusto. Una de mis hermanas, en menos de un año, sufrió dos robos a casa habitación en un fraccionamiento privado. Tuvo que cambiar de domicilio. Y es que sin importar si hay una aparente “vigilancia” constante, las maneras en que los delincuentes actúan hoy en día, es sorprendente. Los ladrones en la actualidad, prefieren prepararse y adiestrarse para elaborar tácticas complejas y estudiadas para penetrar a los hogares. Cortan la luz, desinstalan cámaras y mecanismos de seguridad. Hay bandas enteras que han hecho del robo a casa habitación, su modus vivendi. Ahora el turno del ataque con el ánimo de robar, fue a mi hermana, la menor. Sin importar que estuviera embarazada y acompañada de su imponente mascota que no paraba de ladrar, dos ladrones al entrar en su casa habitación, la encañonaron, trataron de ahorcarla y más que robarle lo material, le robaron su tranquilidad. Gracias a Dios, hoy puede contarlo. ¿Denunció? Prefirió no hacerlo por miedo a represalias y porque aunque tiene muy presentes las caras de sus atacantes, por su estado y sus actividades laborales, le es imposible destinar varias horas a un proceso que probablemente no vaya a tener una resolución favorable. Según estadísticas publicadas en otros medios, en 2018, se llevaron a cabo en León, cerca de 3000 robos a casa habitación. Se trata de uno de los delitos más comunes. Tal cifra se obtiene de los reportes a la Policía Municipal y denuncias realizadas. ¿Y todos los que no denunciaron? Hoy no basta activar la alarma, llenar los muros de cercas electrificadas o estar al pendiente de las cámaras externas que vigilan los inmuebles, hace falta que se haga una labor preventiva y de vigilancia constante. ¿Qué política pública hace falta en materia de seguridad? La desconozco. Ya bastante sufrimiento tenemos como ciudadanos, padeciendo y apuntando los problemas que nos afectan, como para también tener que proponer soluciones. Urge que la autoridad de salida al problema de inseguridad. A la de ya.

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