El mes de julio está dedicado a los abogados, y por ese motivo, esta semana hablaremos de uno de los primeros juicios mediáticos y el primero retransmitido por televisión. El acusado no fue otro sino el nazi Adolf Eichmann, criminal de guerra responsable de la muerte de millones de personas.

Hoy en día, los juicios a personajes famosos, así como sus procesos penales, son un asunto común, visto en redes sociales y prácticamente cualquier medio de difusión masiva, pero en 1952 fue todo un acontecimiento.

Así fue como ocurrieron los hechos.

EL RESPONSABLE

Si hubo un responsable directo de la llamada “solución final”, la logística y la deportación de los prisioneros de guerra a los campos de concentración, fue sin duda Otto Adolf Eichmann.

El hombre nació en 1906 y ascendió rápidamente hasta el grado de Obersturmbannführer.

Nunca fue un hombre violento. De hecho, eso era lo que llamaría la atención al momento de su juicio. No daba la apariencia de un monstruo sádico ni perverso. Él se veía a sí mismo como un trabajador que obedecía órdenes, meticuloso para cuestiones de llevar cuentas, tener orden y elaborar logística… el asunto es que esta “logística” implicaba mandar personas a la cámara de gas.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, la gran mayoría de los nazis fueron capturados, pero Eichmann se logró salvar gracias a su astucia y sus contactos, que le dieron una nueva nacionalidad y otra identidad, de modo que desde los años cuarenta hasta mediados del siglo XX vivió en Argentina con su familia bajo el nombre de Ricardo Klement. El comandante nazi creía que pasaría en relativa paz el resto de su vida, pero no fue así. Fue secuestrado por agentes de MOSSAD (el servicio secreto israelí) y llevado a Jerusalén para ser juzgado. Toda esta anécdota se puede ver en la película “Operación Final”. EL 20 de mayo de 1960, Eichmann viajaba a Jerusalén.

EL JUICIO

Tanto el proceso como la posterior ejecución apareció en todos los medios del planeta. Incluso EL HERALDO de León lo publicó en su primera plana, con el título “Eichmann fue ahorcado ayer, el que fuera verdugo nazi murió con gran entereza”.

El fiscal encargado del evento fue Gideon Hausner, y el tribunal por Moshe Landau, Benjamin Halevy, y Yitzhak Raveh, importantísimos magistrados israelíes de su tiempo.

Eichmann podía ser despreciable, pero su derecho a un abogado era legítimo, de modo que eligió a Robert Servatius, quien ya había defendido a varios nazis en los juicios de Nuremberg.

La corte fue adaptada para la situación: Eichmann estaba en una cámara blindada, para evitar posibles atentados y Hausner citó a más de 100 testigos, siendo los más destacados  Avraham Aviel, quien era un niño de 14 años cuando vio cómo los nazis mataban familias enteras en los campos de concentración, y el escritor Yehiel De-Nur, cuyo seudónimo era  Ka-Tzetnik 135633, pero nunca pudo rendir declaración completa debido a la impresión de ver al nazi cara a cara.

La principal línea de defensa de Servatius fue que Eichmann recibía órdenes, que solo era un hombre haciendo su trabajo de oficinista… aunque fuera hacer llamadas y firmar oficios para ordenar la muerte de miles de humanos.

El nazi fue condenado a la horca, y murió el 31 de mayo de 1962. Radio, televisión y periódicos informaron puntualmente sobre los hechos.

Sin duda, este caso es una anécdota que interesa tanto a los abogados como al público general.

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