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El dictador y el superhéroe

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Los crímenes de estado son de los actos más viles, pues se cometen contra gran cantidad de víctimas y son actos sistémicos realizados de acuerdo a una política preconcebida. Uno de los ejemplos más terribles fue el de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, que provocó más de 3.000 asesinados y desaparecidos.

En aquellos años, abundaban las amenazas de muerte y los grupos que operaban con impunidad. Esta es la historia de cómo un actor enfrentó la situación, tomando como estandarte un símbolo de la cultura pop: Superman, el Hombre de Acero.

En 1987, Chile vivía 17 años de dictadura, y mucha gente se oponía, entre quienes destacaba el SIDARTE (Sindicato de Actores de Chile) que llevaban a cabo reuniones clandestinas y obras de teatro trasgresoras. Fue cuestión de tiempo para que el Comando Trizano, un letal grupo paramilitar, les hiciera amenazas de muerte: a partir de octubre tenían un mes para abandonar el país o afrontarían las consecuencias. La carta con el mensaje tenía el dibujo de un hombre amordazado con una ametralladora apuntando. Les enviaban coronas mortuorias, amenazas de bomba e incluso, desaparecían personas.

Entonces, idearon un arriesgado plan: debían hacer una conferencia pública denunciando los hechos, pero todo el mundo, literalmente, debía verlos. La mejor forma de lograrlo era invitando a un actor famoso, y quien mejor que Christopher Reeve, quien en ese entonces era famosísimo por caracterizar a Superman. Hablaron vía telefónica con escritor Ariel Dorfman, que vivía en Nueva York y era amigo de Margot Kidder, quien daba vida a la reportera Lois Lane, de la misma forma que en los cómics es ella quien contacta al héroe.

 

EL VIAJE

Cuando a Reeve le informaron de los hechos, fue muy claro al preguntar si en Chile lo podían matar. La respuesta fue lapidaria: no había ninguna garantía de su seguridad. Pero, si iba, podía salvar la vida de 77 colegas.

“Entonces iré”, dijo Reeve.

Al día siguiente viajaba a un país en plena dictadura militar. El alter ego de Clark Kent fue apoyado por Amnistía Internacional y se quedaría en la casa del actor Jaime Celedón (un sitio estratégico, ubicado a tres cuadras de la Embajada de Estados Unidos), y participaría en el acto público, ante la ira de Pinochet y los grupos que operaban con total impunidad. No faltó quien comparara al dictador con Lex Luthor. El de Christopher era un acto solidario y valiente, pero también suicida. “Los militares odian el teatro, porque obliga a reflexionar” señala el podcast sobre este caso.

Como Reeve medía 1.93, fue difícil que pasara desapercibido. La propaganda oficialista manejó los hechos como una visita de cortesía, pero los medios internacionales fueron más concretos, con titulares como “¿A qué va realmente Superman a Chile?”

Se tenía pensado que Reeve apareciera en un acto de resistencia pacífica en el gimnasio Nataniel, en Santiago, pero no faltaron las manifestaciones y disturbios, de modo que todo tuvo que cambiarse a última hora a un centro cultural. Ante los medios, el actor dejó muy clara su admiración y respeto a sus colegas actores, que trabajaban bajo presión y amenazas. Era noviembre de 1987 y todo el planeta tenía los ojos puestos en el caso. La fecha límite para abandonar el país había pasado y los actores estaban vivos. Christopher Reeve volvió a su país, sano y salvo.

En 2004, Reeve fue condecorado con la medalla Bernardo O’Higgins, el mayor honor que Chile puede conceder a un extranjero. Recibió la presea en silla de ruedas. Ese mismo año dejó el mundo.

Una de las mejores recreaciones de los hechos se puede escuchar en el podcast ‘Superman en Chile’ producido por Radio Ambulante y disponible de forma gratuita en Spotify.

De esta forma, con esta historia de valor y esperanza, cerramos el 2023. Gracias a todas y todos los lectores que nos han acompañado desde 2020, cuando nació esta columna.

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