Mahatma Gandhi

A últimas fechas se han dado a conocer en diferentes puntos de la república actos de violencia contra el sector más vulnerable de cualquier sociedad, los niños. Hoy en día, gracias a las redes sociales, son cada vez más los casos evidenciados sobre maltrato a los infantes. Lo increíble consiste, en que no son extraños los agresores, sino miembros de la propia familia, inclusive los mismos padres, aquellos de quienes se esperaría que en mayor medida defenderían a sus vástagos de cualquier peligro.

Los ataques que se han presentado no son cosa menor, incluyen violaciones, tortura y hasta asesinatos. Seguramente este tipo de situaciones no son nuevas, sólo que ahora, con las modernas formas de comunicación, nos damos cuenta de muchas circunstancias que anteriormente permanecían ocultas.

Vemos situaciones terribles, la niña de nueve años que fue a la tienda y unos vecinos la secuestraron, violaron, ultimaron y tiraron su cadáver en un terreno cercano; la mujer que mandó matar a su propio hijo en el cumpleaños de su exesposo como una forma de venganza o la que asesinó a sus dos pequeños el Día de Reyes por un problema de dinero con su marido. Igualmente escalofriante fue el suceso en que un individuo extinguió la vida de sus retoños al enterarse que su exesposa iba a casarse nuevamente. Y qué decir de las incontables violaciones que se dan por parte de padrastros, parientes y hasta de los mismos progenitores. Y así podemos seguir recordando cualquier cantidad de hechos, tan reales como abominables.

En no pocas ocasiones nos aterrorizamos de los sacrificios humanos que realizaban nuestros antepasados prehispánicos, especialmente cuando se trata de niños, reprobando su proceder y considerando que actualmente vivimos en una sociedad más “evolucionada”. Sin embargo, lo que se hace ahora con no pocos pequeños por parte de sus padres, sobrepasa los límites de la imaginación, para mal, tristemente.

Es inconcebible que los propios progenitores torturen a su hijo hasta la muerte, permitan que abusen sexualmente de él a cambio de unos cuantos pesos, tiren a un bebé en un lote baldío o lo asesinen de un golpe cuando apenas tiene unos cuantos meses de nacido por el simple hecho de llorar al tener hambre. Podremos tener un avance científico y tecnológico considerable, pero los valores en diferentes órdenes están desapareciendo.

Al parecer, los seres humanos nos hemos deshumanizado, nos vanagloriamos tanto de “nuestros logros” que creemos que podemos hacer lo que se nos dé la gana, inclusive perder los valores que se construyeron y se han transmitido de generación en generación. El daño que se infringe a los infantes es la mejor muestra de lo poco humanos que podemos llegar a ser, quienes son capaces de ello, qué más no llegarán a hacer.

La formación de los hijos es responsabilidad de las familias, si ahí no se les inculca el respeto a la vida, el cuidado de la familia misma, el ser honrados, entre otras cosas, difícilmente lo aprenderán en otros ámbitos. Si esa institución social que es la familia cada vez cumple menos con sus funciones, entonces la sociedad estará cada vez peor. La familia es la base de la sociedad, y si ese cimiento falla, lo que se construya encima de él con el tiempo caerá.

Bastante se puede reflexionar sobre las diferentes problemáticas que como sociedad enfrentamos, entre ellas, la del maltrato infantil, pero de nada sirven las cavilaciones si no se pasa a la acción, si como familia no somos capaces de infundir valores en nuestros hijos.

Si los humanos no sabemos proteger a nuestra descendencia, si los animales cuidan a sus crías mejor que nosotros a las nuestras, entonces hemos fallado como la sociedad “civilizada” que creemos ser.

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