Comenzamos el mes de noviembre con la celebración del tan esperado “día de muertos”, en donde, siguiendo con la tradición, año con año las familias ofrecen sus mejores ofrendas para recordar a los seres queridos que cruzaron el umbral entre la vida y la muerte. Sin embargo, dada la situación de inseguridad que rige a nuestro Estado, tal parece que nuestras autoridades comenzaron con la celebración del día de los difuntos desde hace bastante tiempo atrás.

Todos los días se vive intensamente en la Ciudad de la piel y del Calzado, el estrago de la lucha entre grupos delictivos, que deja tras de sí un significativo número de cadáveres de todos sabores y colores. Bajo este panorama ya no nos queda claro cuándo es la celebración del día de los fieles difuntos, ya que, lamentablemente, desde hace varios años, todos los días son “día de muertos”, con el infortunio que ya no hay nada qué celebrar.

Debido a procesos de aculturación, (perder una cultura para absorber otra), vemos en las calles una peculiar mezcla de costumbres, los cuales orillan a las personas a vestirse de “catrinas”, mientras que otras se disfrazan de personajes de películas de terror. Nuestras honorables autoridades no son la excepción en este pintoresco desfile de disfraces.

A los ciudadanos leoneses nos queda más que claro que el disfraz de “blanca paloma” es un atuendo que nuestros queridos representantes gubernamentales no podrían portar, y si nos permitiesen darles algunas sugerencias, podríamos proponerles disfraces de “diablo” (el de Satanás estaría genial, aunque Luzbel, Belial, Moloch o Leviatán también podrían quedarles), de “rata”, o el que podría quedarles mejor, el de “calabaza”, aunque ni falta que les hace el atuendo, ya que con todo el cúmulo de atropellos y desfiguros, causan el terror entre la población, y para muestra tenemos esas terribles multas de tránsito, las cuales pareciesen venir del mismísimo reino de Mictlantecutli, y con esas desorbitantes y anticonstitucionales tarifas, causan espanto a cualquiera que las vea.

Pasando a otros temas igual de ignominiosos (la palabra “ignominia” es sinónimo de vergüenza, por aquello de que algún político desconozca esta palabra), nos encontramos con la lamentable noticia de que el Ex Director de la policía de la tierra de los panzas verdes, fue nombrado como nuevo Director de Policía del Municipio de Celaya.

Ante tan triste eventualidad, esperemos de corazón que el nuevo Director, al estar en la tierra de las cajetas, no la vaya a cajetear, dejando tras de sí el mismo desorden que dejó a sus compatriotas leoneses. Dice por ahí el cantautor catalán Joan Manuel Serrat, “Dios le inspire, o Dios le ampare”. A este paso, veremos el circular de diferentes servidores públicos por múltiples municipios de la entidad, llevando consigo su terrible pasado de incompetencia.

Es impresionante cómo el gobierno estatal se empeña en vanagloriar a servidores públicos que demostraron ante los ojos del pueblo, su incapacidad para llevar a cabo su función, viéndose involucrados hasta la coronilla, con escándalos de corrupción que dejarían helado al mismísimo “negro” Durazo. Tal parece que para el gobierno estatal, este no es un día de muertos, sino más bien el día del niño, ya que intercambian funcionarios entre los municipios, como si fueran estampitas coleccionables, cambiando a la estampita “repetida”, por una que no forme parte de su colección, pidiendo dulces y demás dádivas, por su buen comportamiento y su inmaculada alma.

Y para muestra de un comportamiento tan pueril (palabra que significa “infantil”, para aquellos políticos que nos leen y cuyo acervo intelectual no es muy amplio), vemos como nuestro querido presidente juega con sus “soldaditos” que al parecer son de plástico, y que los ha colocado en puntos estratégicos para cuidar a esos “peligrosos” conductores de servicio ejecutivo de taxis, que con su actuar ponen en riesgo el interés económico de grandes corporaciones de servicio de transporte privado, sin importarle un soberano pepino, que a estos conductores que la gente les ha bautizado como “ubers”, se les viole su derecho a la libertad del trabajo, consagrado en el artículo 05 quinto constitucional.

Tal parece que a nuestro gobierno mexicano le es más peligroso un chofer que un sicario. Mientras tanto, los ciudadanos comunes y corrientes, como este humilde escritor, nos seguiremos disfrazando, más a fuerzas que de ganas, de “brujas”, “pordioseros”, “mamás luchonas”,  y ni se les vaya ocurrir salir a la calle pidiendo su “calaverita”, porque en León, actualmente se están tomando las cosas muy a pecho, y en verdad le vayan a dar para su calavera. Les envío a todos un abrazo fraternal, y por cierto, si van a poner su altar, cuídenlo mucho, no se los vayan a robar.

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