Es evidente la molestia que genera al presidente López Obrador cuando se le contradice. La responsabilidad de los periodistas que cubren cada una de sus actividades, es la de cuestionarle cuando algo no se encuentra debidamente explicado. Ante los constantes y duros cuestionamientos, por parte de la prensa, por el fallido operativo en Culiacán, el Presidente de la República, haciendo referencia al periodo de Francisco I. Madero, enfatizó que muerden la mano a quien les quitó el bozal. A pesar de que trató de contextualizar el porqué de su expresión y de matizarla después de ocurrido este hecho, lo cierto es que no puede sino preocuparnos el que, el Jefe del Ejecutivo, pudiera llegar a censurar la opiniones de aquellos que le cuestionan.

De entrada, no puede afirmar el presidente que, gracias a él, existe una libertad de opinión y de prensa en México, tal como lo hizo ver en su conferencia matutina. Al menos en la era moderna de nuestro país, los medios de comunicación han podido expresar con libertad sus opiniones, sin la censura del gobierno. Basta encender el radio o la televisión, o leer los distintos periódicos o revistas que circulan, para darnos cuenta de la pluralidad de pensamiento y de opinión de los distintos medios. Cierto es que, algunos de ellos, podrían parecer más a favor o en contra de los gobiernos en turno. Sin embargo, al menos visto desde fuera, no parecería que existiera una censura en los gobiernos anteriores.

La Declaración Universal de Derechos Humanos consagra, en su artículo 19, el derecho a la libre expresión: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Este derecho humano está incluido también en el artículo 6 de nuestra Carta Magna, señalando que: “Toda persona tiene derecho al libre acceso a información plural y oportuna, así como a buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole por cualquier medio de expresión”.

Esto es de vital importancia. Precisamente porque todos los mexicanos, dentro de los derechos humanos consagrados por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, tenemos el derecho al libre acceso a información plural y oportuna es que, aquellos que se dedican al periodismo, tienen la obligación no solo de relatar los acontecimientos que nos atañen como ciudadanos, sino de garantizar que, la información que emana de fuentes oficiales – como sería el caso de lo dicho por el Presidente de la República – sea verídica, confiable y bien sustentada. Esto implica, en algunas ocasiones, alzar la voz para demandar explicaciones claras y detalladas de las acciones del gobierno. Esto es algo que ha comenzado a molestar al presidente López Obrador.

De la frase dicha por el presidente en su conferencia mañanera, parecería que espera de los medios un agradecimiento especial por haberles “quitado el bozal” y que, por este hecho, deberían rendirle pleitesía y rendirle respeto, sin cuestionarle ni contradecirle. No hay que olvidar que, en su toma de protesta, el Presidente de la República se compromete a guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen. Como lo establece el artículo 6 de nuestra Carta Magna, el acceso a la información será garantizado por el Estado y, como lo establece el artículo siguiente, ninguna autoridad puede establecer la previa censura. Así que, puede incomodarle al presidente que se le cuestione pero, aún así, siempre debe responder por sus acciones, privilegiando ante todo, la transparencia y el acceso a la información.

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