La pena de muertes siempre ha sido y será un tema polémico, que se mueve entre asuntos éticos y morales que van desde la dignidad humana hasta la justicia. En Guanajuato, tiene una historia que ha cambiado con el paso del tiempo.
Como parte de los festejos de aniversario del Archivo Histórico Municipal de León, se llevó a cabo la conferencia en línea “El Proceso de Abolición de la pena de muerte en Guanajuato durante el siglo XIX”, impartida por la maestra Regina Solórzano, destacada académica, licenciada en Historia graduada con mención honorífica por la Universidad de Guanajuato.
La pena de muerte en Guanajuato es un tema del que no se tiene mucha referencia, pero sí existe bastante información al respecto que “nos permite entender del castigo a la rehabilitación”, como señaló Daniel Reveles, presentador del evento y miembro del archivo.
En el siglo XIX, había ejecuciones públicas que servían como escarmiento y un morboso espectáculo, pero con el paso del tiempo, señala la conferencista, se convirtió en una aplicación en lugares privados y sin testigos. Todo este cambio estaría ligado a la institucionalización del estado mexicano, como lo fueron los códigos, las leyes. Etcétera.
Asimismo, las prisiones fueron un ejemplo de modernidad. Hay documentos desde indultos que fueron rechazados.
Los castigos en 1800 a 1821 eran sumamente violentos, con el objetivo de aterrorizar a la gente y que el estado mostrase su poder junto con la Iglesia. Algunas eran realmente aterradoras, como “La Pena Cuero” que consistía en en introducir al condenado en un saco de cuero junto con animales vivos (como un gallo, un perro, un mono y una serpiente) y después, arrojarlos a un acantilado o río. Esto se aplicaba a los parricidas. El Tribunal del Santo Oficio, por su parte, castigaba delitos que tuvieran que ver con la fe.
Durante la guerra de Independencia en México hubo castigos atroces, como el del salmantino Albino García, quién tras ser fusilado, lo desmembraron y su cabeza la dejaron en Celaya, una mano en Irapuato y la otra en la capital del estado. Otro caso registrado fue el de un homicida llamado Ascención Hernández, quien en 1812 fue colgado en un árbol a mitad del camino.
EL CAMBIO
Pero los tiempos cambian, y con el pasar de los años la gente entendería que los castigos eran infames. la creación de marcos legales que regulaban, limitaban e incluso buscaban abolir la pena capital.
Este proceso estuvo acompañado por la creación de penitenciarías, instituciones modernas que promovían la regeneración de los delincuentes mediante regímenes basados en la instrucción y el trabajo. Los regímenes penitenciarios de otros países, como lo fue el irlandés Régimen de Crofton (que consistía en sistema de etapas que premian el buen comportamiento) se replicaron en México. Sin embargo, la condición de las cárceles en el país era completamente insalubre y precaria.
Cuando México se hizo independiente de España, comenzó a crear sus propias leyes, pero no había un Código Penal como lo conocemos hoy en día. “Había muchas leyes, y algunas, incluso, contradictorias entre sí” revela la ponente y académica. Con el surgimiento de las nuevas reformas, llegan los cambios poco a poco, como en 1847, que por primera vez se establece lo que conocemos como la figura del Amparo.
En 1856 liberales intelectuales como Guillermo Prieto, Francisco Zarco o Ignacio Ramírez debaten sobre la problemática de la pena de muerte. La Constitución de 1857 sí contempló la abolición de la pena de muerte, pero con condiciones.
Así, surgieron los cambios: En la penitenciaría de Salamanca, por ejemplo, hubo casos de 21 presos que fueron indultados en el siglo XIX. En 1871 surge el primer Código Penal en Guanajuato, y en 1880 se prohíbe que se aplique la pena de muerte a mujeres.
