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Cultiva la muerte

Enrique Rodríguez Olivares siembra en cerca de media hectárea, flores de cempasúchil, las cuales distribuye en el mercado silaoense

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Desde hace dos décadas da vida las flores “de los muertos”; pinta los campos de un amarillo intenso que evoca al sol y asegura que seguirá con la tradición hasta sus últimos días.
Desde su infancia se ha dedicado a la agricultura, especialmente del maíz.
La búsqueda de nuevas oportunidades para obtener mejores ingresos económicos lo llevaron a atender la demanda de temporada.
PACIENCIA
Enrique se prepara y del 10 al 15 de julio comienza la siembra.
El 15 de agosto la cambia a los surcos para que “en su momento, como ahorita que es su temporada de venta, (la flor) no esté vieja”.
Sonríe. “Suelta el botón” a principios de octubre y “ya parece flor”.
Aunque invierte poco, la ganancia no es mucha, asegura. Su familia no participa en las labores del campo.
‘SALE’ POCO
Las ventas son vertiginosas, señala, ya que “al 2 de noviembre (Día de Muertos), lo que salió ya salió, y lo que se quedó, ya se quedó”.
“No es negocio”, reconoce don Enrique, “pero sí deja algo, deja más que alguna otra cosecha”.
Seis personas participan en el cuidado del cultivo. Riega las plantas cada diez días que “le toca” tomar agua del pozo.
Disfruta del olor: “Se siente el gusto de ver cómo va trabajando la plantación y ya cuando empieza a ‘botonear’…¡qué bonito!”. Logra un paisaje distinto entre las matas de maíz “elotero» casi secas.
Las corta, las hace tercios y las lleva a la zona centro de Silao, donde sus hijos tienen algunos puestos ambulantes. Este año también sembró flor de terciopelo (celosia cristata) rojizo brillante.
Su esperanza: “Recoger algo (de dinero) de lo que voy a trabajar”. Asegura que seguirá cultivando el campo “hasta que Dios me dé licencia”.

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