Después de que nació Lorenzo hace poco más de 56 años, se llevó a cabo el primer Vía Crucis de la colonia Chapalita.
Ayer, esta representación del camino de Jesús a ser crucificado fue una de las más vistas con alrededor de 10 mil personas como espectadores.
Con un sol agobiador, a las 11:30 de la mañana, cientos de personas se dieron cita en la colonia Arbide para apreciar el comienzo de la representación de la pasión y muerte de Jesús y para después, seguirlo en su camino hasta la loma del entronque de las calles Manuel de Austri y Campeche en la colonia Chapalita.
La explanada del Templo de Fátima fue la sede para que aproximadamente 60 personas participaran en esta representación movidos por su fe.
Niños, madres y padres de familia, personas mayores y hasta jóvenes de diversas edades y de diversas colonias del municipio, se dieron cita en estas colonias para ver el tradicional Vía Crucis.
Afuera del Templo de Fátima pusieron un pequeño tapanco en el cual simulaban diversos escenarios. El primero fue el palacio de Pilato, quien se encargaría de crucificar a Jesús.
JOSAFAT FUE EL ELEGIDO
Este año el personaje del Mesías fue representado por Josafat, un joven de 24 años que ya había participado diez años seguidos en el Vía Crucis, pero este fue el primero que lo hizo en el papel de Jesús.
El grupo de tres personas que interpretó a los fariseos, en la primera escena del Vía Crucis, llevó a Josafat (Jesús) ante Pilato.
Jesús tuvo que subir ocho escalones para estar frente a él y los fariseos exclamaban: «Si este no fuera malhechor no te lo hubiéramos traído».
Pilato le preguntó a Jesús si era rey y éste le contestó: “Tú lo has dicho”.
Luego de esto, ese pequeño tapanco se convirtió en otro escenario, era la casa de Herodes a quien le llevaron a Josafat.
Antes de que llegaran, cuatro personas simularon ser esclavas y fueron ofrecidas a Herodes, interpretado por Miguel Ángel Vargas, organizador del Vía Crucis, mismo que las hizo bailar para él.
FRENTE A HERODES
En medio del baile, los aproximadamente 30 soldados que trasladaron a Jesús, vestidos con una capa roja, huaraches y una armadura de piel, irrumpieron en el palacio para poner al protagonista frente a Herodes.
Herodes le pidió un milagro pero éste no lo cumplió y con grandes carcajadas comenzaron a burlarse del Nazareno.
Miguel Ángel (Herodes), con túnicas cafés y un manto café, reía y golpeaba a Jesús antes de que se fuera con Pilato nuevamente.
ELIGEN A BARRABÁS
Dimas y Gestas, los dos ladrones que serían crucificados junto con Josafat, aparecieron en escena y nuevamente Jesús estuvo frente a Pilatos con la espalda y pectorales descubiertos donde los soldados le daban latigazos.
Herodes lo condenó a darle más latigazos y le quitaron su túnica agarrándolo de un tronco, los soldados con látigos de lazo mojado le propinaron 41 golpes en la espalda y en las piernas, mientras se burlaban y soltaban grandes carcajadas que resonaban por todo el lugar.
Jesús terminó en el suelo, pero uno de los soldados lo levantó y mofándose de él, le puso un manto purpura, le dieron su cetro y lo coronaron con espinas. “¡Salve Rey de los Gusanos!”, gritaban.
Nuevamente fue llevado a Pilato, quien tenía que decidir qué más hacer con Josafat.
Entre azotes, jalándolo del cabello y recibiendo gritos, entró Barrabás a escena cayéndose y también recibiendo golpes por más de diez soldados.
Subió ocho escalones para que después de que el grupo de personas que interpretaba a los fariseos exclamara que lo soltaran y que crucificaran a Jesús.
Con sólo un taparrabo y una franja de tela color morada que atravesaba su abdomen, Jesús fue condenado porque el pueblo eligió a Barrabás quien fue despedido con una cachetada, una patada y azotes por parte de los soldados, no sin antes gritarle a los fariseos que eran peores que quien había entregado a Jesús.
ASOMBRO Y MIEDO
Niños del público, mostraban asombro e incluso miedo al ver los azotes que les daban a los personajes. Golpes duros y reales, que dejaban marca y enrojecían la piel.
Después de esto, Pilato se lavó las manos y a la 1:15 de la tarde comenzó el trayecto al Calvario, imponiéndole a Josafat la Cruz de 90 kilogramos que llevaría entre subidas y bajadas aproximadamente tres kilómetros de distancia.
Con un lazo y lanzas de metal se delimitó el cuadro de los integrantes en el Vía Crucis y Dimas, interpretado por Leonel, un chico de 19 años, y Gestas, interpretado por Oved, de 22 años, sin playera y con el quemador rayo del sol pegándoles directamente a sus piernas, hombros, abdomen y espalda descubiertas, encabezaban toda la caravana de fieles que siguieron su recorrido.
Dio arranque la caminata, por la calle Chiapas Sur, en dirección a la calle Las Palmas, de la colonia Arbide; dos motos de Tránsito iban abriendo camino hasta llegar a la última calle, la Campeche, no sin antes pasar por la vialidad llamada Puerto Rico.
El sonido de los lazos contra las espaldas de los tres personajes resonaba entre todos los asistentes, mismos que parecían correr y sorprenderse, incluso hasta sintieron los golpes que los personajes que serían crucificados recibían, pues exclamaban «¡ay!», «¡uy!», con cada golpe.
A la 1:27 dieron vuelta en la calle Veracruz; ya se podía percibir a un Jesús todo sucio y lleno de líquido rojo que simulaba la sangre.
LLEGA AGOTADO
Cansados, llenos de sudor, arrastrándolos y jalándolos hasta del cabello, llegaron primero Dimas y Gestas a la loma, ubicada en la intersección de la calle Campeche y Manuel de Austri.
Los soldados encargados de darles castigo seguían golpeándolos.
Al paso de un par de minutos, siendo las 2:15, Josafat arribó a dicho sitio con la espalda descubierta y con el manto rasgado, luego de caer tres veces en el camino.
Agobiado, cansado, con la espalda completamente roja por los cientos de golpes que ya había recibido y por el mismo sol, jalado por un lazo, los soldados lo tiraron al suelo.
Con cualquier movimiento brusco, la corona de espinas le picaba en la cabeza, y al estar en el suelo, lo levantaron nuevamente para despojarlo de sus mantos, dejándolo nuevamente en tapa rabo.
LO CLAVAN A LA CRUZ
El choque de metales comenzó a escucharse, pues a las 2:19 de la tarde comenzaron a golpear los clavos con un martillo en la cruz.
Luego a las 2:23 de la tarde, comenzaron a levantar a Gestas y a su pequeña cruz, quien respiraba agitadamente y cerraba los ojos en momentos.
Al paso de tres minutos, siguieron con Dimas, quien tenía un rostro afligido, que transmitía cansancio, e incluso miedo.
Finalmente, a las 2:30 de la tarde aproximadamente, con la ayuda de media docena de soldados levantaron a Josafat y su cruz a dos metros de altura, teniendo frente a ellos una panorámica de prácticamente toda la ciudad.
Con un letrero que decía INRI sobre su cabeza, y con líquido rojo escurriendo por sus pies, Josafat tenía la mirada al cielo y exclamando muy fuerte dijo: “Padre mío, perdónalos, no saben lo que hacen”.
Dimas, entre lágrimas y con la voz semi-rasgada le suplicó a Jesús que no se olvidara de él en el reino de los cielos.
Éste le respondió que estaría en los cielos y después de esto, a las 2:40 de la tarde Josafat miró al cielo por última vez en su papel de Jesús, cerró los ojos y recostó su cabeza a su lado izquierdo, simulando así la muerte del Mesías.
VALIENTE REPRESENTACIÓN
Una mujer le lloraba a sus pies, era su madre, y en medio de ese llanto un joven soldado exclamó: ¿Qué hemos hecho?, en Verdad éste hombre era justo.
Así, los soldados se retiraron y miles de personas aplaudieron la valiente representación de todos los participantes, pero principalmente la de los tres crucificados.
Esto fue muestra del trabajo de más de cinco meses de ensayo en los cuales, el apoyo de las familias de los personajes fue sumamente importante, pues al término del recorrido y después de tres horas de camino se acercaron a sus seres queridos a ofrecerles agua, comida e incluso hasta alcohol para quienes parecía que desfallecían.
Como por ejemplo Leonel, quien representó a Dimas, el cual entre lágrimas y llanto fue recibido por su novia y su familia.