Inicio Columnas CORRUPCIÓN, CORRUPCIÓN Y MÁS CORRUPCIÓN

CORRUPCIÓN, CORRUPCIÓN Y MÁS CORRUPCIÓN

0

Todo mundo habla de la corrupción. De sus causas, efectos, del fenómeno en que se ha convertido en el mundo entero y desde luego, en países subdesarrollados, del tercer mundo, en economías emergentes y en sociedades con bajos niveles de educación y nulos estándares de transparencia, rendición de cuentas y por supuesto, sin un estado de derecho real.

Los anteriores adjetivos, características o propiedades aplican a nuestro país. Para la sociedad mexicana, hablar de corrupción, significa la pertenencia a un pasado, al presente y a un triste futuro para nuevas generaciones que vivirán, crecerán y morirán como tantas y tantas que han visto pasar uno de los más graves males enquistados en las entrañas de la nación.

Una nación que, al interior de uno de sus elementos fundamentales, el gobierno, ha creado el motor principal de ese mal, que ha permeado a la sociedad en su conjunto. Ha sido el propio poder político, constituido en gobierno al paso de su historia, quién ha creado esa concepción de estilo de vida. ¡Sí! El propio gobierno de México es quien ha corrompido sus propias instituciones y su pueblo.

Décadas atrás, en tiempos de nuestros bisabuelos, abuelos, padres y nuestra propia generación de los “sesentas” tuvimos un gobierno que se perpetuo en el poder, a base de trampas, mentiras, dádivas y un sinfín de artilugios para no honrar la ley, pero, sobre todo, no cumplir la voluntad del pueblo en las urnas. Qué nos enseño a no respetar lo más sagrado y fundamental en un pueblo, el estado de derecho.

De esa manera, millones de mexicanos crecieron y se reprodujeron generaciones enteras, conductas y comportamientos sociales que permearon en el seno de familias, escuelas, empresas y todo tipo de centros de trabajo, principios fundamentales del arte de la corrupción: la mentira, el engaño, el incumplimiento, la falta de respeto, etc.

A la par de todo esto, el gobierno instrumentaba y fomentaba el uso ilegitimo de información pública privilegiada, los sobornos, el tráfico de influencias, la evasión fiscal, los fraudes en todas sus modalidades, la malversación, la prevaricación, el caciquismo, el compadrazgo, la cooptación, el nepotismo y el abuso del poder en su máxima expresión.

Los discursos políticos, cargados de retorica y de promesas incumplidas por diversos actores políticos, tanto del oficialismo del PRI en aquellos tiempos, como de la oposición soñadora que anhelaba terminar con el más grave problema que vivía México, en esos tiempos, la corrupción. Y con el paso del tiempo, al llegar a distintas posiciones de poder, la oposición se corrompía de la misma manera que criticaban.

Así es cómo México y los mexicanos, hemos transitado durante nuestra existencia en esta tierra, con la corrupción como parte de nuestra vida. En algún momento, el hartazgo social llegó a su clímax en el 2000 y la mayoría del pueblo, decidió transitar por la alternancia política brindando la histórica oportunidad a la oposición para gobernar, dejando mucho que desear doce años después.

Sin respuestas ni solución alguna a la vista de los mexicanos, por parte de la oposición política, de nueva cuenta se volvió a creer en el pasado como posible solución a todos los males del país, sobre todo, para enfrentar el gran cáncer de la nación, la corrupción, la que alcanzo niveles sin precedentes en el gobierno del PRI, de Enrique Peña Nieto.

Desesperados y sin ver en el horizonte otra salida, millones de mexicanos confiaron en otra carta del pasado, un expriísta y experredista reconvertido en líder opositor y dos veces candidato presidencial, AMLO identifico el grave problema social y político de la corrupción, convirtiendo su bandera política y haciendo creer a todos, que terminaría con la problemática.

López Obrador, su partido político MORENA y su movimiento la 4T, no sólo no combatieron la corrupción, sino que la auspicio, impulsó y promovió como nadie en la historia política moderna de México, haciendo al país y a los mexicanos más corruptos que nunca.

¿No cree usted?

Salir de la versión móvil