Lo que aparentaba ser una decisión que se cuestionó bastante, puesto que el presidente Peña, apoyado por algunos miembros de su gabinete, hace unos cuantos días, planeaba una visita a los Estados Unidos de Norteamérica, ahora parece sólo un lejano espejismo. El presidente Peña planeaba negociar el próximo 31 de enero, los términos en que debía aplicarse el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, México y Estados Unidos, la reforma a las leyes migratorias que afectarían a nuestros connacionales y por supuesto, evitar la edificación del tan comentado a nivel mundial, muro fronterizo entre el país vecino del norte y el nuestro. Todavía el pasado miércoles de la semana que termina, varios líderes de opinión de nuestro país, se manifestaban en contra de la visita que haría nuestro mandatario a la Casa Blanca. Más tardaron en expresar su inconformidad y desencanto ante la decisión del Presidente Peña, que Donald Trump en firmar una orden ejecutiva para construir el muro, acciones migratorias para deportar a quien ha sido “legalmente rechazado” y la posibilidad de detener a quien hubiera violado las leyes en la Unión Americana. Lo que muchos creíamos como una verdadera estrategia de campaña acompañada de una híper exaltación de valores nacionalistas y ultra conservadores, se está convirtiendo lamentablemente en una realidad. Posteriormente y remarcando su postura, Trump aseguró vía redes sociales, que México pagaría por el muro de 16 metros de alto, que evitaría que nuestros nacionales buscaran otras oportunidades en el norte y que de no hacerlo, sería mejor que nuestro presidente se ahorrara su próxima visita a tal país. Ante tal declaración, la reacción del presidente Peña, no sólo fue correcta, sino digna, y bueno, quizás viéndolo desde otra perspectiva, la única que irremediablemente tenía que mostrar: Defendiendo al menos a través de su discurso, nuestra libertad, soberanía e intereses. Trump no quiere negociar. La aplicación del Tratado de Libre Comercio entre México y los países del Norte, está en un grave riesgo de desaparecer o de dejarnos en una terrible desventaja. Una gran mayoría estamos contagiándonos de una preocupación constante ante el escenario que pudiera presentarse en un futuro cercano. Pensamos que las promesas y planes del ahora mandatario estadounidense no se convertirían en una realidad, o al menos no tan pronto. Con seguridad no seremos el único país afectado con sus decisiones, pero quizás si los más cercanamente perjudicados. Yo honestamente, no había percibido un repudio, un rechazo y hasta un enojo tan grande hacia un mandatario de algún país. Donald Trump ha extraído los sentimientos de asombro, desprecio y desencanto más grandes que pudiéramos al menos, los pensantes, experimentar. Es impensable que en pleno siglo XXI, se pretenda dividir en lugar de unir, rechazar en lugar de incluir y atacar en lugar de convenir. No serán suficientes marchas, protestas, escritos, tweets, comentarios en foros u opiniones en diferentes círculos para expresar la indignación ante este personaje que parece un verdadero villano salido de un cómic. Lamentablemente no somos parte de una tira cómica ni somos meros personajes, somos individuos que deseamos ser tratados como seres humanos, dignamente, con justicia y equidad.
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