
El partido inaugural se vivió con absoluta intensidad en todo Guanajuato.
En León, fue la Plaza Expiatorio donde se dieron cita miles de ciudadanos para ver, entre el miedo, la expectación y la alegría, el juego México-Sudáfrica.
Así se vivió en la Capital del Calzado el primer triunfo del Tri, el primer partido y el primer día del Mundial.
El partido sería a las 13:00, pero desde el mediodía la ciudad comenzó a quedar semivacía.
Como si se tratase de un 1 de enero.
En el Mercado República y el Mercado Aldama, toda la gente permanecía estática, atenta a sus teléfonos celulares, a sus tablets, a sus televisiones.
Casi todo mundo vestía la playera verde de rigor, como una muestra de respeto a su selección.
Todo mundo se concentró en la Plaza Expiatorio.
Quienes han alcanzado lugar, permanecen sentados.
Otros se quedan en los alrededores, arriba de las jardineras, ondeando banderas, haciendo sonar silbatos y trompetas, o agitando matracas.
La alegría y el relajo se detienen durante unos minutos, pues todo mundo escucha de pie, y con solemnidad, el Himno Nacional.
Pero después… después, comienza la fiesta.
Mientras que en la Ciudad de México abundan las marchas y las protestas hacía el evento y las políticas de la FIFA, en la Plaza Expiatorio todo mundo aguarda el tan ansiado momento, en que la Selección anote.
El momento llega.
Quiñones anota el primer gol.
En ese momento todo es júbilo y gritos.
Banderas tricolor ondeando en lo alto.
Durante un rato parece que el tiempo se detiene.
Después continúa el partido y luego, el segundo tiempo.
La temperatura de 28 grados no inhibe la pasión futbolera.
Jóvenes como Mario Enrique, quien vive en la colonia León 1, tiene toda la esperanza de que México llegue al menos a la semifinal.
No aparta la mirada de la pantalla mientras apoya a la selección.
Por su parte, madres de familia como Doña Elvira Gasca, quien ha vivido apasionadamente desde México 70, señala que no le importa que pierda México, lo que para ella vale es gozar el momento.
Antes de que termine el segundo tiempo Raúl Jiménez anota el segundo gol. Ahora sí: para todos los presentes en la Plaza Expiatorio, la victoria está asegurada.
Al menos, de momento… han ganado un partido, pero el Mundial apenas empieza.
El escritor mexicano y cronista de futbol Juan Villoro, señala que “Los estadios existen para jugar a la magia. El mundo, para vivirla”.
Por su parte, J.M. Coetzee, autor sudafricano ganador del Nobel de Literatura 2003, escribió una vez: “El secreto de la felicidad no reside en hacer lo que nos gusta, sino en que nos guste lo que hacemos”.
En el primer partido del Mundial 2026, las máximas de estos narradores resultaron ciertas e irrebatibles.