En el día de San Ignacio de Loyola, el Arzobispo Alfonso Cortés Contreras, en la celebración Eucarística, pidió a Dios por los victimarios para que se conviertan y dejen de hacer el mal.

Junto con los fieles que acudieron a misa de mediodía a Catedral, elevaron oraciones al Creador “por los victimarios para que dejen de hacer el mal, se conviertan y hagan el bien”.

Una vez más los católicos unidos en oración imploraron a Dios, para que la fraternidad y la paz retorne y se genere en nuestra patria dañada por la violencia, en todo el país, estado y municipio.

En su mensaje de homilía, exhortó a los católicos para que el dinero y la riqueza tenga una función social, educativa, humana, para tener una sociedad y comunidad que tenga equilibrio.

“En México, tenemos un desequilibrio muy doloroso, hay una inequidad, casi la mitad de la población es pobre y eso es un dolor; la injusticia es producto del pecado y de la avaricia”, expresó.

EL CÉSAR Y DINERO NO SON DIOS

Aclaró que “eso no significa que todo el que tiene dinero es pecador y avaro, no, todos tenemos responsabilidad, por ejemplo, la corrupción es de todos, desde aquel que no paga los sueldos dignos, hasta el pobre que vende en el mercado en forma no correcta, que abusa, el que vende al pobre abusando, es el mismo pecando, claro, unos tenemos más responsabilidad que otros”, enfatizó.

El pastor católico apuntó que el valor de las cosas materiales es pasajero, la sagrada escritura dice “es como una bruma que en unos segundos desaparece”, “acumulaste todas las riquezas del mundo, pero esta noche morirás, insensato”.

Advirtió que “los seres humanos entramos al mundo todos iguales y salimos del mundo todos iguales; por eso, dice la sabiduría cristiana, vanidad de vanidades, es decir, todo es pasajero”.

Resaltó que “las riquezas sirven para compartir, para consolar, debemos generar una cultura más fuerte de compartir, de participar, lo poco, lo mediano, lo mucho que Dios nos ha dado, para vivir dignamente todos”.

Aclaró que la frase tan llevada y traída del Evangelio de “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, se utiliza más para decir que las cosas de la Iglesia por un lado y las cosas del gobierno y estado por otro lado, también se puede aplicar, pero el verdadero sentido es: no hagas al César ni al dinero Dios, a Dios no lo hagas César, porque el dinero y cosas materiales tienen su valor, Dios también, son una realidad, muy diferente”.

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