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Arzobispo llama a reconocerla dignidad de la mujer

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El Arzobispo de León, Mons. Jaime Calderón Calderón, presidió por primera vez la misa en honor a la Madre Santísima de la Luz en la Catedral Metropolitana de León. Durante su homilía, destacó la importancia de esta fiesta para la ciudad, habló sobre el papel esencial de la mujer en el plan de Dios y llamó a romper con las ideas machistas que prevalecen en la sociedad y en la misma Iglesia.

«He escuchado mucho en torno a esta fiesta del pueblo de León, y hoy vuelvo a corroborar también una intención: no entrar ordinariamente allá por la puerta, sino por el corazón», expresó Mons. Calderón, marcando así el inicio de su mensaje.

FOTOS: JAFET SÁNCHEZ

Su reflexión se centró en tres momentos clave del Evangelio: primero el encuentro de Dios con su pueblo, luego el de María con Isabel y finalmente el de Jesús con Juan el Bautista.
«Dios el eterno, que busca el eterno amoroso, el eterno amante, que busca siempre a su pueblo, aun cuando muchas veces el pueblo le ha traicionado», afirmó.

Dijo también que Dios no deja de buscar a su pueblo, que es fiel a su promesa, y añadió:
«Así es el amor infinito de Dios, no es cálculo, no es un límite, es un amor que busca irremediablemente al pecador, aunque no lo merece, pero así es el amor de Dios».


Más adelante, se centró en el encuentro de María e Isabel, destacando el papel de la mujer en el misterio de la salvación. Afirmó que esta fiesta debe también hacer reflexionar sobre la dignidad femenina y la maternidad.

«Dios ha privilegiado el misterio de la salvación en las entrañas de una mujer, y en ese sentido nos tiene que sensibilizar en nuestros cuerpos contra todo aquello que les denigra, contra todo aquello que les empaca, contra todas aquellas ideologías que les envuelven en la inconsciencia de no ser madres».

Mons. Calderón recalcó que ser madres o esposas no cambia su dignidad, y pidió romper con el machismo aún presente en diferentes ámbitos.

«La predilección de Dios ha sido esta mujer pura madre, y esa madre ha sabido responder con maternidad con la vida, por eso cada vez más ajeno cuando en la predilección machista de los cuerpos se quiere justificar la muerte de los nacidos, o primarcos, de la vida, la vida de los nacidos es otro paso por ser».

A través de este mensaje, el Arzobispo subrayó que el verdadero centro de la vida es Cristo, y no el ego humano. Invitó a los fieles a reconocer la humildad de María como modelo y a vivir el Evangelio con la misma apertura de corazón que ella mostró.

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