Una veintena de policías tuvo que morir asesinada para que el Gobierno del Estado reaccionara: hay un problema grave de seguridad en la entidad, que quizá en el discurso aún no quieran reconocer, pero que en los hechos parecen ya empezar a atender.
Septiembre arrancó con más homicidios de policías, y un ataque de hombres armados en Coroneo, que dejó como saldo un par de civiles muertos; víctimas inocentes que resintieron la incapacidad del Estado por atender esta problemática.
Recientemente, el gobernador Miguel Márquez Márquez se reunió con el Grupo de Coordinación Guanajuato, instancia que él encabeza, y con alcaldes de municipios del sureste. Acordaron que el Ejército encabece operativos en Salamanca, Pueblo Nuevo, Apaseo el Alto, Apaseo el Grande, Coroneo y Jerécuaro. Los presidentes municipales de estas localidades cederán sus policías al Mando Único.
Esperamos que el general Juan Manuel Díaz Organitos, comandante de la XVI Zona Militar, lidere los esfuerzos de seguridad en estos municipios, además de los operativos ya acordados, porque ya quedó claro que el secretario de Seguridad Pública del Estado, Alvar Cabeza de Vaca, es incapaz de esta tarea.
El gobernador Miguel Márquez sigue sin asumir su responsabilidad; insiste que la inseguridad es una problemática nacional, e incluso mundial, pero no abre “escudo” al escrutinio público. ¿Qué está haciendo el Estado para que esta problemática “nacional” no nos afecte? En el discurso, nada.
Los municipios tampoco pueden desentenderse de su responsabilidad. La capacitación y equipamiento de sus policías es deficiente. Sus bajos salarios permiten que sean fácilmente cooptados por grupos criminales, y los Ayuntamientos poco están haciendo por cambiar esta situación.
¿Cuántos policías más tienen que morir para que el Estado y los Municipios acepten que están rebasados y actúen en consecuencia? ¿Cuántos robos y asaltos más tienen que sufrir los guanajuatenses para que la Secretaría de Seguridad y la Procuraduría General de Justicia articulen una estrategia efectiva?
El papel que desempeñará el Ejército en la contención de la ola criminal será importante, pero no es una solución a largo plazo. Ayudará, desde luego, a inhibir el crimen, pero en el resto de los municipios seguirá en aumento la incidencia delictiva si los alcaldes no ponen de su parte. El tiempo se está terminando. La paciencia de los guanajuatenses ya llegó a su límite.
¡Nos leemos la próxima semana!
