A tres años de su apertura al público, la zona arqueológica de Arroyo Seco, en Guanajuato, finalmente muestra por completo su amplio tesoro de arte rupestre, con la reciente habilitación del llamado Complejo B, donde se aloja más del 40 por ciento de los conjuntos de pictóricos del sitio.
Ubicado en el municipio de Victoria, en el noreste de Guanajuato, a unos 90 kilómetros de la capital de Querétaro y una distancia similar de San Miguel de Allende, Arroyo Seco es considerado el sitio con manifestaciones gráfico-rupestres más significativos del centro del país y uno de los pocos de su tipo que están abiertos al público.
La importancia de este lugar no es un misterio para los pobladores de Victoria y sus alrededores, quienes nombran a estos promontorios que lo conforman como la Zorra y la Tortuga. Para efectos de registro e identificación, los arqueólogos del INAH les denominaron complejos A y B, en el primero de ellos se distribuyen 26 conjuntos pictóricos y tres elementos aislados, mientras que en el segundo hay 16 conjuntos pictóricos y cinco elementos aislados.
Las pinturas en estos dos conjuntos tienen una motivación profundamente ritual, que dota al paisaje natural de una dimensión sagrada. Mientras que la mayoría de las imágenes plasmadas en el Complejo A miran al sol en el atardecer, los del Complejo B se orientan al amanecer.
Pese a la diferenciación que marca el nombre y ubicación de sus complejos, el arte rupestre de Arroyo Seco guarda unidad técnica y temática. En ambas elevaciones son mayoría los motivos geométricos y antropomorfos, aunque llaman la atención, en el conjunto B, unas pocas representaciones que no tienen eco en el A, como las escenas de caza y motivos fitomorfos, como los del peyote.
El arte rupestre representado en Arroyo Seco abarca una extensa franja de tiempo: desde varios siglos antes de la llegada de los españoles, cuando la zona estaba habitada por cazadores y recolectores; hasta avanzado el periodo colonial, pues también se hallan algunas representaciones de cruces y soldados.
Lo que ahora puede conocer el visitante sobre Arroyo Seco, es resultado de más de 40 años de investigación que se remontan a los primeros estudios de los arqueólogos Emilio Bejarano y Gloria Blancas Tomé, los cuales profundizaría Ana María Crespo Oviedo, a quien se debe una descripción detallada con registros fotográficos y dibujos a mano alzada de sus grafismos.
Aunque en un mismo panel pueden estar superpuestas pinturas de estas tres etapas, la prehispánica se caracteriza por la profusión de figuras antropomorfas, zoomorfas y fitomorfas, además de motivos geométricos, que entran dentro de la llamada Tradición Pintada México Semiárido, la cual está vinculada a los grupos conocidos de forma general como chichimecas.
En el periodo virreinal, la zona tuvo arribo de grupos otomíes, que utilizarían estos espacios para plasmar elementos de su ritualidad, ya imbricados con símbolos de la religión católica como altares y cruces.
Arroyo Seco, como todas las demás zonas arqueológicas de Guanajuato, se encuentra abierto al público con las medidas sanitarias del protocolo Cultura en Guardia. El horario de visita es de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas, con último acceso al público a las 16:00 horas, ya que el recorrido dura alrededor de dos horas. La admisión general es de 39 pesos y 12 pesos para menores de 12 años.



