
Desde el pasado 13 de julio arrancó el proyecto piloto de la ciclovía emergente en el bulevar López Mateos, generando en la ciudadanía leonesa todo tipo de opiniones, tanto en redes sociales como de manera presencial. Para algunos activistas de los vehículos en dos ruedas, se trataba de una propuesta innovadora, pues era una necesidad usar bicicletas y vías funcionales en temporada de pandemia. Para los automovilistas, se trató de una propuesta errónea que no hacía más que ocasionar más tráfico.
Sea como fuere, este es el último fin de semana de la ciclovía en López Mateos. Todo seguirá igual, y para los comerciantes del bulevar, también, pues las ventas no se incrementaron, aunado no solo a la pandemia y la crisis, sino que desde hace años el bulevar López Mateos no tiene la afluencia económica que tuvo a mediados y finales del siglo XX.
Hay locales que tienen 25 años en pie, como la peluquería “Verakruz” del señor Cruz Gudiño, ubicada cerca de las oficinas del INEGI. Él apunta: “Da lo mismo la ciclovía, que haya o que no. Después de todo la gente sigue pasando por la banqueta. En cuanto a mí no me ha servido de mucho, porque la pandemia me bajó las ventas un cincuenta por ciento. Todo, o casi todo, sigue igual”.
Las librerías nunca suelen tener ventas masivas, y menos en la actualidad. Carlos Hernández, quien vende libros de segunda mano en un local en 27 de septiembre y López Mateos, explica que el reto de ofrecer libros siempre es difícil, con cualquier obra piloto y en medio de cualquier situación.
Para los vendedores de “Puerto Vázquez” tampoco hubo considerable mejora.
“El paso de la paloma” es otra de las abarroteras que tiene cuarenta años en pie, que ha durado en medio de crisis económicas y pandemias… al igual que sus colegas y compañeros, no hubo diferencia considerable. Su encargado señala: “En lo personal, no estoy (ni estuve) en contra de la ciclovía, pero no representó cambio en cuanto a mi economía”.