miércoles, agosto 26, 2026
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Una historia de ilusiones y aire caliente

El FIG es fascinación y experiencia, pero también, una Historia con siglos y siglos de importancia.

Los globos aerostáticos, que se ponen tan de moda durante el Festival Internacional del Globo (FIG) están repletos de referencias en la Historia, la cultura popular y la mente humanas. Invitamos al lector a conocer algunos ejemplos, mientras contempla las esferas que se desplazan por el cielo abajeño.

Hoy en día, los globos aerostáticos se convierten en moda gracias a eventos como el FIG, pero durante los siglos XVIII y XIX en Francia fue increíblemente popular. Incluso se le llegó a llamar “balloonomania”. La popularidad inspiró científicos, artistas y gente común que levantaba la vista al ver las figuras en el aire, señal que el asombro humano es tan eterno como su creatividad.

Si hay que agradecerle a alguien ver el cielo teñido de formas y colores, es a los hermanos Joseph-Michel y Jacques-Étienne Montgolfier, quienes se les considera los creadores del globo aerostático. Realizaron sus demostraciones ante el mismísimo rey Luis XVI de Francia, desde mediados del siglo XVIII.

En la lengua castellana, una de las descripciones más hermosas de volar en globo emerge de la pluma de Jorge Luis Borges, quien en el libro “Atlas” recuerda: “El globo, en cambio, nos depara la convicción del vuelo, la agitación del viento amistoso, la cercanía de los pájaros. Toda palabra presupone una experiencia compartida (…) El espacio era abierto, el ocioso viento que nos llevaba como si fuera un lento río, nos acariciaba la frente, la nuca o las mejillas. Todos sentimos, creo, una felicidad casi física”.

VERNE, EL GENIO

Sin duda, entre todas las obras de arte existentes respecto a la aerostación, la que se lleva las palmas es “Cinco semanas en globo” y “La vuelta al mundo en ochenta días”, ambas escritas por Julio Verne.

La primera a la que hacemos mención, se publicó en 1863, y toma la moda que prevalecía en Francia respecto a los globos. Cuenta la historia del británico profesor Sammuel Ferguson, y su amigo Dick Kennedy, quienes atraviesan África en un globo bautizado como “Victoria”, bautizado así en honor a la amada reina del país de origen del personaje –aunque el autor es francés- ambos recorren lugares como el desierto del Sahara.

Por otro lado, “La vuelta al mundo en ochenta días” es una de sus novelas más conocidas, sobre todo por la adaptación en la que actúa Cantinflas. Es la aventura de Philleas Fogg, otro inglés de muchos recursos, que le da la vuelta al mundo para ganar una apuesta.

Afortunadamente, ambos libros son de dominio público, y se pueden leer en varios formatos, que van desde ediciones muy económicas hasta digitales, halladas con una fácil búsqueda en Google.

CANTOLLA Y EL AIRE

Pero no solo los franceses han escrito sobre globos. También un reconocido escritor mexicano contemporáneo se ha dejado seducir por este mundo de cromáticas esferas, y es el novelista histórico Eugenio Aguirre, autor de “Cantolla, el Aeronauta”.

La historia sigue la vida y obra de una persona histórica que todos los aficionados a este mundo del aire deberían conocer: Joaquín de la Cantolla y Rico. Originalmente, fue un telegrafista, pero se apasionó tanto por los globos que fue un pionero de esta disciplina en México. Fue un hombre muy persistente, pues sufrió muchísimos accidentes que lejos de aterrarlo, lo impulsaron a persistir. Uno de sus globos más célebres fue el “Moctezuma II”. También popularizo esos pequeños globos que llevan su nombre.

¿Y EN LEÓN?

El primer guanajuatense que viajó en globo era, gracias a una hermosa casualidad, tocayo de la ciudad: Benito León Acosta. Al igual que muchos hombres y mujeres dedicados a la aerostación, tenía un trabajo formal y en sus ratos libres volaba. Él era ingeniero minero. Fue, mucho antes que Cantolla, el primer aeronauta mexicano. El 29 de octubre de 1842 hizo su primer vuelo, saliendo de la Plaza Principal.

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