No es el título de una canción, por cierto, muy buena de Franco de Vita.

Es retóricamente, una interrogante, que propongo en este espacio. Estamos en este momento, época, tiempo y dimensión sin saber, en la mayoría de los casos, hacia dónde vamos, que hacer o quienes somos.

Hoy con todos estos procesos que están sucediendo en el mundo, que acompañan a la pandemia, seguimos sin entender qué hacer.

Siempre estamos indagando algo, sin saber qué cosa. En nuestra búsqueda pensamos como individuos, cualquier cosa que hagamos, por insignificante, que parezca no tiene consecuencias.

¿No las tiene?

Imaginemos, por unos segundos, un hermoso y tranquilo lago rodeado por montañas, en una hermosa mañana de primavera. El cielo azul, una que otra nube blanca y un lago, con aguas cristalinas y quietud en la superficie. Tomamos de la playa un pequeño guijarro, y lo lanzamos hacia el agua. En unos segundos, esa pequeña piedra produce un cambio inmediato en las tranquilas aguas. El resultado es que, en la superficie, aparecen ondas que se propagan inmediatamente a lo largo y ancho de la superficie y alcanzarán, poco a poco, la orilla produciendo un leve oleaje, que retornará, de la misma forma, hacia el lugar donde penetró el guijarro.

Lo mismo pasa con nuestros pensamientos y acciones. Son energía vibratoria.

Estos provocarán ondas que se expandirán y alcanzarán objetos, personas, energías y otros pensamientos, que a su vez, reaccionarán de manera imperceptible, en el mejor de los casos, regresando al emisor, quien reaccionará de forma consciente o inconsciente.

Ustedes se preguntarán, y ¿todo este rollo filosófico de que va?

Nuestro país se encuentra envuelto en crisis tras crisis. Hoy una pandemia, asociada a una catástrofe transformacional con un gobierno que, sigue sin entender que la solución no es el comunismo o socialismo. Ya la extinta URSS lo demostró y la actual Rusia dejó de pensar en ello y China se esta transformando en una potencia económica muy poderosa, con un socialismo ad hoc.

Nosotros, estamos décadas detrás de ellos. A pesar de que esa propuesta no funcionó, hoy, un grupo de alienados personajes quieren, por cualquier medio, incluirnos en el ámbito bolivariano de Venezuela, de Cuba o del grupo de Sao Paulo.

Se preguntarán que culpa tenemos nosotros.

Muy bien.

Parece que nada, pero somos individualmente responsables de todo.

Sí, mi estimado lector… de todo.

Hay un magnífico libro que recomiendo, dicho sea de paso, su lectura para podernos ubicar en la responsabilidad que tenemos como personas que conformamos la sociedad mexicana de todos los sectores, de todos los tipos y colores.

En este libro podremos entender, si tenemos el valor de hacerlo, cómo:

  • Mirar a los demás en horizontal, ni hacia arriba, ni hacia abajo
  • Hacerse cargo solo de lo propio y poner límites sin que por ello las relaciones se resientan.
  • Considerar a los otros como compañeros y no como enemigos.
  • Desarrollar el sentimiento de comunidad.
  • Nuestra responsabilidad simple y llana, sin ehcar culpas a los demás, incluso al gobierno que tenemos.

Los autores de este libro (Kichimi, I., Koga, F.) explican de forma sencilla y práctica la filosofía de Adler (individualismo psicológico), psicólogo, discípulo de Freud que se separó de él precisamente porque pensaba que no tenemos que quedarnos anclados en los traumas del pasado y que el inconsciente no es todopoderoso.

Así es, mi querido lector (a). Cada uno de nosotros, en forma particular, somos autores de nuestra situación actual. Es decir, de lo que tenemos en nuestra vida, nuestra realidad, lo que tenemos en todas las formas y cantidades. Cada uno de nosotros es causa de su situación y en forma colectiva, como diría Jung,  (pensamiento colectivo), de lo que sucede en el mundo.

No podemos, de ninguna forma, excluirnos del resultado. Muchos dirán, yo no hice nada. No voté.

De acuerdo. Tampoco hiciste nada para impedirlo. Te dejaste, como dicen por ahí, caer como pelota en tobogán.  Formaste parte del problema, lubricaste con tu apatía el sistema y la maquinaria de la corrupción.

No todos estamos apáticos. El sábado 30 de mayo, cientos de ciudadanos se manifestaron en más de 70 ciudades, mostrando su inconformidad con lo que suscede en el ámbito político  y económico de México.

Han sido responsables, personalmente, de querer hacer un cambio. No son robots del sistema ni “bots” de las redes.

Los gobernanetes,  son mexicanos. Los legisladores también.

Sin embargo, no parecen querer a México.

Ellos viven un sueño, su sueño. Pero perjudican con su egoismo el problema.

Se quedan en el laberinto del fauno, con su onírica y productiva vida, sin ver que son ellos quienes forman parte importante del problema y de las consecuencias de sus decisiones.

También, nosotros.

¿Y tú?, ¿de qué vas?

¡Hasta la próxima!

ESCRIBE UN COMENTARIO