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El espejismo culé

Luego de tres cuartos de liga y tres cuartos de Champions, sigo considerando que lo del Barcelona es un espejismo, que pasa más por lo que han dejado de hacer sus rivales que por lo hecho propiamente.

Sus grandes individualidades han marcado la diferencia, es cierto, pero lejos está de ser un conjunto avasallador, aplastante como los resultados lo sugieren; y es que el marcador global sobre el Chelsea (4-1) habla muy poco de lo que ocurrió tanto en Camp Nou como en los 180 minutos de la eliminatoria.

Si Barcelona creció y definió el partido, fue por todo eso que el Chelsea dudó, que dejó de hacer o aquello a lo que no se atrevió. Un gol muy tempranero por parte de Messi que, sin restarle mérito, la mitad se la comió el portero que demostró todas sus grandes carencias en el achique. Cierto es que ‘Lio’ es –para muchos– el mejor del mundo en lo que hace, sin embargo Courtois lo tenía pegado a la línea de fondo, con escaso ángulo y al perfil menos peligroso de Messi –derecho–. ¿Cómo te pueden hacer un gol en tales circunstancias y de esa manera? Y no importa si es Messi o cualquier otro zurdo: eso no puede pasar.

Courtois debió achicar mejor la cancha, pero es evidente que su punto débil es el balón rasante, y no sería difícil deducirlo al contemplar su enorme estatura de casi dos metros –1.99 exactamente–, lo cual le dificulta la reacción en disparos cortos y por tierra. Y si me atrevo a aseverar tal cosa es porque le repitieron la dosis; ‘La Pulga’ le hizo un segundo gol nuevamente de ‘túnel’, exhibiendo una vez más las carencias en el cierre de espacios de Thibaut Courtois.

No fue para un 3-0 en la vuelta; yo vi jugar al Chelsea mucho mejor que el Barcelona ya en el segundo tiempo, dominando las acciones, yendo al frente, pero sin esa capacidad de tomar buenas decisiones en el último.

Barcelona realmente no ha tenido un buen sinodal, uno que de verdad lo exija, que lo ponga al límite. Sin embargo se acerca la hora buena; los ‘perros realmente bravos’ se podrían soltar en la siguiente ronda, donde difícilmente le habrá de tocar uno que salga con temor a la cancha, y entonces sí sabremos para qué está este Barcelona; sabremos si es de verdad… o si sólo se trata de un espejismo culé.

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